Libro: Aceleracionismo Cuqui de Amy Ireland y Maya B. Kronic (mutatis mutandis)
Este es un pequeño ensayo -tanto por el formato como por el número de páginas: es más amplia la sección de notas que el ensayo en sí que sólo asciende a 70 páginas- en donde las autoras nos narran, desde una pulsión tanto política, como estética y humorística de dos conceptos que, en este caso, convergen: el aceleracionismo y lo cuqui.
El primer concepto hace referencia a un término que fue acuñado por primera vez por un grupo de pensadores que en 1995 -y bajo el nombre de Unidad de Investigación de la Cultura Cibernética (CCRU)- se pusieron a divagar en torno a los trabajos de Sadie Plant y Nick Land del departamento de Filosofía de la Universidad de Warwick, aunque posteriormente hubieron dos corrientes dentro del aceleracionismo: por un lado uno que tuvo una deriva derechista entorno a las ideas de Land, y otro espoleado por Nick Srnicek y Alex Williams de tendencias más izquierdistas. Se entiende este concepto como una aceleración de los postulados del propio capital para que este, de alguna forma, colapse, y llegar así a una era postcapitalista; es la construcción de un futuro emancipador postindustrial. Esta agencia emancipadora tiene en las tecnologías el referente para que estas se desliguen de las dinámicas y retóricas del capital, y se apueste por el general intelellect, o lo que vendría a ser que, en una sociedad automatizada , el intelecto tendría que ir en constante aceleración para, de esta manera, desvincular el trabajo de las plusvalías que generan el esfuerzo humano. Lo cuqui es una estética que cada día es más invasiva, y que forma parte de la orografía ontológica, política y social de una sociedad que busca todo aquello que inste al consumismo irracional (objetos achuchables, mucho brilli-brilli. prendas de vestir oversized, la estética kawaii y lo lampiño por poner sólo algunos ejemplos.
Las autoras de este Aceleracionismo Cuqui (mutatis mutandis,2025; traducción de Anna Rafecas Sogas y Lucía González Arias) escriben en el capítulo “Topología de las burbujas” que “Los achuchones no tienen interioridad. Acurrucarse es una penetración frustrada por curvas y declives que juegan a desviar el acceso […]”, y esto permite pensar que en lo cuqui no se puede habitar, y por lo tanto, no se puede enunciar un programa político emancipador. Esta superficialidad en las formas y en el fondo, es la carcasa cuqui es un gran dispositivo móvil (el capitalismo y sus ramificaciones) que intenta suplantar nuestro razonamiento. Acelerar los objetos cuquis es desgajarse de la normalidad, o crear una normalidad inflamada de ojos grandes, curvaturas exageradas y ojos ovalados que, en sus cuerpos cuquificados, lo que pretende es que nuestros cuerpos sean reemplazables, así como observar una gran grieta que desestabiliza las estructuras sociales, biológicas, políticas y sociales en las que forman nuestro ser en la cultura.
Como se comenta en un momento del libro, esta falta de corporeidad definida, permite que nuestros miembros estén desterritorializados, y de ahí hasta confabularse con objetos protésicos como unos guantes sin dedos, calcetines musleros con formas de gatitos, o garritas retraídas. El aceleracionismo cuqui vendría a quedarse instalado como un ente hegemónico que substituirá el colapso inminente (de valores morales, medioambientales, de género…), y que haría que el devenir cuqui sea una persona sin órganos (en términos deleuze-guattarianos). Es, en definitiva, una mirada que no es nostálgica de un pasado, sino que apuesta por un desplazamiento hacia posibilidades de existencia inéditas, queer, que no está aliado con la democracia, y que es depredador.
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