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Los Sara Fontán + Tzetze (Siroco) Madrid 20/01/26

Resulta curioso ver cómo cierta sofisticación o vanguardia queda reducida a la preponderancia de dos instrumentos más o menos tradicionales en esto del rock y a un montón de satélites benefactores del ruido.

Tzetze y Los Sara Fontán comparten esa visión, aunque desde distintas miradas. Compartieron también escenario en la noche madrileña con un Siroco hasta la bandera, lleno de testigos que pudieron, si cabe más, trazar esos paralelismos entre ambos dúos y, sobre todo, degustar sus diferencias.

Tzetze es, a estas alturas del cuento, una formación que debería salir de ese injusto rincón en el que lleva demasiado tiempo. Claro que, y sea lo más seguro, se sientan cómodos ahí. No les hace falta mucho a Claire y a Raúl para desplegar su percepción del ruidismo y de la alternancia sonora. Partiendo de la trilogía que enmarca el Korg, la guitarra eléctrica y la batería, los hispanofranceses repartieron frescura y diversión desde (casi) todos los registros posibles que uno pueda imaginar.

Se dibujaron perspectivas que retrotrajeron a un post punk primitivista, pero también a un diálogo instrumental de resultado bailable. Si algo denotó que no se atan, es esa facilidad para saltar, literalmente, de género en género, de sonar levemente oscuro a, armados con semilleros en mano, adentrarse en el sonido amazónico para descubrirse en un dadaísmo reivindicativo de los sonidos sin ataduras.

La cita marcaba el final de la gira española para Los Sara Fontán, que no ibérica, una suma de eventos que anticipaba el próximo lanzamiento de su nuevo elepé, un Consuelo que voló de la discreta mesita de ventas, signo irrefutable de que gustó y convenció. Ante la empacada masa de asistentes, su propuesta empieza a mostrar señales de una necesidad de espacios más amplios, aunque quizá estén transitando ese limbo entre sala pequeña y su siguiente paso.

Su propuesta sigue siendo fundamental para entender la vanguardia de los sonidos que salen de nuestro país. Armados esencialmente con violín, sintetizador y batería —al final, la fórmula resulta más que válida en este y otros grupos—, el dúo radicado en Barcelona se sirvió de esa experimentación controlada para contraponer cierta improvisación. Resulta curioso asistir a esa batalla en directo, porque se llega a la conclusión de que no es tal: la compenetración entre ellos alternando sus capacidades fue extraordinaria. Y se divirtieron y divirtieron.

Dio bastante igual que el ritmo saliera propuesto del violín o de la batería, de esas bases pregrabadas esenciales en las formaciones cortas que reivindican el hazlo tú todo dentro del hazlo tú mismo. Edi Pou salta de técnicas jazzísticas a la cadencia del math rock con una facilidad extrema y una ejecución que transforma el sonido en repeticiones rítmicas o pulsiones más serenas. La tarea de Sara Fontán para lograr la armonía del violín con el aparejo de pedales y teclado consigue resaltar cierto academicismo, pero destapa también las enormes posibilidades de la libertas creativa de lo sonoro.

Por eso el pizzicato deja fluir más allá del marco estricto clásico. Parecen de origen incierto, pero se yerguen como notas al pie de creaciones en bucles sonoros seefeelianos, de ritmos de percusión que se asemejan a bases electrónicas que bailan con la cuerda. Todo parecía depender de esa delicadeza o fuerza de cada momento, a veces coral, a veces electrizante, o, por qué no, tan disparado como para rendirse al jungle percutivo o al teclado que deambula melodías happy hardcore. Y hasta sin bajo, todo tembló.

Fotos Los Sara Fontán + Tzetze: Álvaro de Benito

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