The Housemartins se separaron oficialmente en junio de 1988, justo ahora hace 30 años pero aún se les añora. Sobre la banda de Hull sería oportuno responder a varias preguntas como por ejemplo, ¿de dónde sacó exactamente aquel curioso nombre aquella legendaria formación británica?
Housemartin: Dícese de un pájaro negro de unos 15 cms., de la familia de las golondrinas aunque un poco más pequeño y sin la cola tan larga. Atendiendo a una definición ornitológica, el equivalente en castellano de “housemartin” sería “avión común” (Delichon Urbicum) aunque también podríamos traducirlo con más exactitud como “martineta urbana”. Efectivamente, a diferencia de su popular prima rural, nuestra alada amiga construye sus nidos de barro en forma de copa cerrada bajo los alfeizares y aleros de los edificios; incluso en grandes ciudades como Barcelona o Liverpool.

Esto mismo nos conduce al mítico cantante británico Paul Heaton, que se le ocurrió poner este nombre a su grupo musical en 1983 (justo hace ahora 35 años) porque su escritor favorito, Peter Tinniswood, con gran optimismo vital, colocaba a estos pájaros en algún libro suyo. Fue el instante inspirador en que había nacido y quebrado el cascarón una banda pop muy especial y que haría Historia pero efectuemos primero un pequeño flashback.
Heaton, después de haber militado como trombonista en un grupo llamado Tools Down hacia 1979, con su hermano Adrian y luego de haber formado poco después, junto a su amigo Quentin Cook (al que Paul rebautizó como «Norman», años más tarde), otra banda llamada Stomping Pond Frogs, entre 1980 y 1981, cuando vivía en el Sur de Inglaterra; resultó que luego el propio Paul se fue de viaje un largo tiempo por varios paises europeos. Cuando regresó Inglaterra hacia Septiembre de 1983, como no deseaba volver al sureño Surrey, se trasladó al Norte, a Hull City aunque allí no conocía a nadie.
Una vez allí, Paul deseaba montar alguna manifestación artística que reflejara lo orgulloso que se sentía de sus raíces norteñas. Sin embargo, no estaba interesado en tener éxito sino en combatir al gobierno conservador de Margaret Thatcher del expresivo modo que fuese. Cuando llevaba establecido un par de semanas en Hull, le interesó montar una banda, así que Paul pegó con cinta adhesiva un curioso cartel en su ventana del comedor:
TROMBONISTA BUSCA MÚSICOS CALLEJEROS PARA OFRECER ACTUACIONES.
¿Acaso quería Paul Heaton formar unos segundos Stomping Pond Frogs con él mismo, de nuevo, soplando en la sección de viento? ¿O tan solo buscaba rascar algo de dinero para pagarse una cerveza en los pubs de la ciudad?
Alguien que vivía enfrente, leyó el anuncio dos días después de haber sido colocado. Se trataba de un guitarrista, que era un fanático de los Beatles, el único que respondió a la llamada. Sin embargo, Paul parece que se hizo el remolón al principio y fue su novia Susan quien atendió, de inicio, al demandante.
El chico que esperaba en la puerta se llamaba Ian Peter Cullimore y tenía la la misma edad que Heaton, ambos nacidos en 1962. El tal Cullimore, resultó que tenía experiencia como intérprete; habiendo tocado desde 1979 en bandas con nombres como Credit, Squash o Savanah Street Stompers en los más variados sitios inimaginables; hasta finalmente ir a parar este músico a Hull, en 1983.
Ian sospechababa que “el tío del anuncio del trombón” estaba arriba, en su habitación pero ¿porqué se estaba haciendo de rogar «aquel extraño tipo»? Aún así, el guitarrista sonrió ante aquella curiosa situación y le dijo a Sue que volvería mañana.
-“Vale, será mejor que pases, Ian”– le invitó, por fin, el mismo Paul Heaton al día siguiente,
Finalmente, el encuentro histórico, entre británicas tazas de té, tuvo lugar a últimos de Septiembre de 1983: Heaton se puso charlar con el visitante y con rapidez, se puso a ensayar con aquel beatlemano.
“Creo que él era un poco raro- dijo Cullimore sobre Paul años después- pero eso era bueno porque significaba que él era interesante”.
A pesar de que a Paul los que le motivaban eran los Kinks y no le gustaban los «Fab Four», de los cuales Cullimore era ultra-fan, insisto, se produjo desde el primer instante una gigantesca química musical entre “la extraña pareja”. En tan solo una semana, ya compusieron juntos algunos pequeños trozos melódicos y se volvieron buenos colegas porque además a ambos también les agradaban mucho The Hollies.

–“Eramos diferentes y había un poco de competición o algo así. Estuvimos de acuerdo en componer nuestras propias canciones porque no nos gustaban demasiado las versiones”– afirmó el guitarrista de Cambridge, años después, echando la vista atrás en sus entrevistas del nuevo milenio. Después, si que harían versiones sublimes en 1986 pero retornemos, de nuevo, a ese signiticativo momento de 1983.
–“Te voy a llamar a Stan. Tienes pinta de ser Stan”- le debió decir, más o menos, el pintoresco “bautista” Paul al bueno de Cullimore, tras forjar aquella amistad.
–”¿Y cómo nos llamaremos como dúo?” – fue la pregunta siguiente del recién bautizado “Stan” Cullimore, al que le gustó que Paul le cambiara el nombre de pila hacia otro que sonaba más a “músico experimentado”, como manifestó el propio interesado.
Entonces, Heaton pensó en unos pájaros que colocaba su escritor preferido, Peter Tinniswood en uno de sus libros llamado Except you´re a Bird. En susodicha obra estas aves evocaban e indicaban los cambios positivos de estaciones o de fechas: eran las martinetas urbanas. A un aficionado a la ornitología como Heaton le gustaban todos aquellos pasajes literarios que, el optimista Tinniswood, escribía sobre el condado de Yorkshire. Ambos habían nacido en aquella zona de Inglaterra y eran de clase social modesta. Blanco y en botella para Paul.
– “Parece que nunca habíamos pensado en ello…pero siempre hemos sido The Housemartins” – contestó Heaton, muy seguro del nombre para quienes primero serían un dúo acústico; para después formar un primer cuarteto en 1984; repescando al propio Norman Cook.
Cullimore debió quedar impresionado por una respuesta tan profunda y enigmática de Paul.
Dirijámonos ahora, de un salto, desde el principio hasta justo el final de la historia.
El 27 y 28 de noviembre de 1987, fueron los últimos conciertos de la historia de Housemartins y se celebraron precisamente en España. Fueron, respectivamente, en Barcelona (antigua Sala Zeleste, hoy Razzmatazz) y al día siguiente en Madrid (inicialmente en sala Jácara pero luego se cambió el concierto Pabellón de Deportes del Real Madrid de Basket). En aquel momento de fiebre musical ibérica por los de Hull, tanto los fans como algún miembro de la prensa hispana, bautizarían popularmente al grupo con el simpático apodo de “LA CASA DE LOS MARTÍNEZ”.
Como guinda, también finales de 1987, cuando los Housemartins tenían un montón de problemas internos y se avecinaba su separación, el nombre del grupo empezaba a ser objeto de burla en Inglaterra ya que se decía que sonaba como algo infantil. Este cinismo, tras el espectacular boom del cuarteto en 1986, lo considero totalmente fuera de tono porque para mí, Housemartins, es una muy atractiva denominación para un grupo. Siempre me ha sonado de maravilla desde siempre, igual que puedan serlo términos como Steely Dan, Joy Division, Dire Straits o Velvet Underground o conjuntos con también vistosos nombre de aves como Eagles, Byrds o Black Crowes; entre muchos otros.
Aunque la banda ya se habían separado realmente desde Enero de 1988, cuando verdaderamente finalizaba el contrato con la discográfica Go! era en Junio de ese 88 y ahí se consumó la fecha oficial del entierro en la que ya no habría “más martinetas caseras” deleitándonos con sus canciones “a-capella” góspel, en la que ya no harían más divertidos videos de “rock de cocina” entre escurreplatos, en la que ya no ofrecerían más de sus honestas y valientes pero divertidas canciones-protesta.
Nadie podrá llenar el nido vacío que dejaron The Housemartins, la cual considero una de las 10 bandas más sobresalientes de los años 80.
(Puedes visitar la selección de mejores canciones de la banda en Muzikalia en este enlace)















