Quade – The Foel Tower (AD93)
La Fuel Valve Tower es el punto de partida por donde se empieza a regular y extraer el agua del Acueducto de Elan (Gales). Es una obra en donde las válvulas la recorren, con una cúpula de cobre y ventanas de media punta. Una obra construida en el siglo XIX considerada como unas de las obras de ingeniería civil más importantes de ese siglo. El grupo galés Quade ha titulado su segundo disco rindiendo tributo a la belleza de esta obra, así como a las remembranzas a sus periódicas salidas a un granero de piedra en el valle gales para componer estas canciones, y para charlar como buenos amigos que son. Ellos cuentan que la elaboración de este disco, que está muy ligado a esas estancias en medio de la naturaleza y el silencio, ha afianzado la relación de los componentes de la banda, y de paso experimentar, como comentan en su bandcamp de que “Había una sensación muy clara de estar en los márgenes absolutos de la sociedad”.
La música de Quade se podría definir como un ejemplo de solipsismo que entronca con el slowcore, caligrafiando un sonido expansivo, con un perfil fibroso aunque en algunos momentos tengamos la sensación de que jueguen al escapismo con esos vaivenes hacia pentagramas de delicada psicodelia. Una bella arquitectura orgánica.
The Foel Tower (AD93, 2025) se abre con “Beckett” (¿posible referencia nada velada a su admiración por el autor irlandés?) en donde ya se pone encima de la mesa las coordenadas por las que transitará la banda: espacio entre los acordes, sensación de ingravidez y repetición, y la construcción melódica que va demorandose en el tiempo. Una narrativa que se puede asociar con Talk Talk, Flying Saucer Attack o grupos por el estilo que fueron adscritos al post rock. Un inicio espléndido que abre el camino para que la batería y el bajo de “See Unit” entren en un narcótico diálogo mientras el vocalista de la banda, Barney Matthews, declama versos inspirados en la escritoras Ursula Le Guin, y nos situemos en medio camino entre Slint y el estruendo oblicuo de las guitarras eléctricas. Unos samples y un piano arrancan la melodía de “Bylaw 7.1”, para después adentrarnos en una bella melodía que recuerda a A.R. Kane con el acompañamiento de la batería tocada con escobillas. “Nanneth Ganol” transcurre entre sonidos ambientales que se arremolinan en una espiral de drone ambiental que sitúa al oyente en un difuminado territorio en donde las coordenadas de espacio y tiempo no existen; despùes en “Canada Geese” apuestan por un folk pastoral digno heredero de Palace. El final llega con la pieza más larga del conjunto, “Black Kites”, en donde el folk se adueña de la duermevela como lo hiciera Mark Kozelek con sus Red House Painters.

