Lee Fields (Sala But) Madrid 27/01/26
Hay cantantes que representan una época y los hay que son la época, tal es el caso de Lee Fields, que casi agotó entradas el pasado martes en la Sala But. La gira, propiciada por Houston Party, está colgando el cartel de sold out en las demás ciudades. Un rato antes estuvo amenizando y calentando a base de bien la fría noche madrileña Mighty Caesar (Cesar Andión) con unos cuantos acetatos a 45/RPM.
Desde el arranque con “Strawberry / Intro” y “You Can Count On Me” – cara B del single Waiting on the Sidelines (Daptone Records 2023) quedó claro que el concierto iba a construirse con la sabiduría de los viejos maestros, sin prisas, dejando que el groove se asentara y que la banda se explayase. El sonido… apabullante y cálido, con la banda funcionando como una maquinaria perfecta desde el primer segundo.

“Work to Do”, heredera directa del soul más clásico, recordó que Lee Fields siempre ha tenido un pie en la pista de baile y otro en los medios tiempos preciosistas. “Ladies” y “Time (Days Are Getting Shorter)” sonaron como declaraciones vitales, canciones interpetadas desde la experiencia de quien sabe que el tiempo pasa… y aun así no baja el ritmo, aprovechando en estos dos temas para las primeras interacciones (no exentas de humor) de la noche con el público.
El viejo Lee volvió a certificar porque es uno de los grandes supervivientes de la música negra norteamericana, un hombre que ha visto pasar modas, derrumbes industriales y que verá – a poco que se descuiden – la caída del imperio que le vio nacer, allá en 1951 en Carolina del Norte.

Y lo hizo a cada instante del set, como en uno de los momentos más emocionantes, con “Still Hanging On”, de su disco de 2012 Faithful Man, soul de resistencia, toda una declaración de principios y de vida, una invitación a aguantar de pie cuando todo invita a rendirse. No es de extrañar que esté en la práctica totalidad de sus últimos setlists.
El tramo central fue dinamita, “Talk to Somebody” y “My World” conectaron con un público variado, que no necesitó de más para acompañar a Lee en cada uno de sus bailes. “Wish You Were Here” – tranquilos, nada que ver con Pink Floyd – fue uno de esos momentos en los que la sala pareció bajar quedarse en silencio para escuchar una voz que funciona de verdad.

En la recta final, “Don’t Walk”, “Never Be Another You” confirmaron algo evidente, claro que hay nostalgia en su universo y planteamiento sonoro, pero sobre todo hay presente. Y cuando fue cerrando con temas como: “Forever”, o “Honey Dove”, Fields dejó claro que sigue cantando desde su alma, bailando, sudando como si aún estuviera peleando por ganarse un contrato discográfico y todo ello a sus setenta y seis años.
Lee Fields comenzó a grabar a finales de los sesenta, compartiendo el mismo plano temporal que James Brown, pero no la misma trinchera. Décadas de singles olvidados, sellos menores y carreteras secundarias le curtieron como intérprete hasta que, ya entrado el siglo XXI, sellos como Truth & Soul le dieron el reconocimiento tardío pero merecido.

Y eso es lo que vimos, a un artista en plena vigencia, queriendo revelarse ante la conversión en un revival, o una postal vintage. No vimos a una leyenda viva del pasado, vimos a un hombre defendiendo su vida canción a canción y mojando todas las tablas de la Sala But con su sudor. Llamarnos privilegiados por ello es poco.
Fotos Lee Fields: Fernando del Río

