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Israel Fernández (Circo Price) Madrid 03/02/2026

Israel Fernández prometía de antemano una velada algo inaudita con su reciente propuesta De Oro y Marfil. Y no tanto por una experimentación fluida, sino más bien por esas intenciones de exploración que todo artista tiene en aras de proseguir su camino. Y, perogrullada, que ese transitar hacia el objetivo final sea más o menos fácil lo acaba dando la experiencia al embarcarse en ciertas empresas.

Solitario frente a su piano, Israel Fernández pone rápidamente las cartas sobre la mesa. El instrumento sobre el que profesa devoción tendrá un papel relevante y protagonista durante todo el recital. En sí, este puede considerarse el marco sobre el que su voz, siempre potente, deambulará con personalidad y, de paso, mitigará puntualmente algunas cuestiones de ejecución a la tecla.

Tras esta introducción que resume su concepto, se rodea de Diego del Morao, un escudero fiel que le acompaña en sus devenires e intereses, y que acepta el envite de compenetrar su guitarra con el piano del cantaor, que insiste en proseguir su investigación. En ese escrutar de la intención novedosa, un trío de cuerda clásica resalta lo instrumental y aumenta la magnífica interpretación vocal, pero Israel
Fernández sabe que parte del respiro está en esa propuesta más ortodoxa de la que es un auténtico maestro.

Israel Fernández foto

Esta disposición le da aire y permite celebrar, a percusión clásica del cajón y palmas, en un breve espacio donde la fuerza de la seguridad que tiene hace todo y que también se apoya en su entorno. Él lo reconoce, que esa protección que le otorga Diego del Morao es una bendición que le va a acompañar en todos sus devenires, incluidos los acercamientos a nuevas propuestas.

A su guitarrista le da el espacio de la intensidad y también su reconocimiento. En el cambio —saldrá de blanco—, las notas de las cuerdas inundan de cierta reminiscencia clásica todo. Israel Fernández es sabedor también de que el piano tiene sus aristas y un largo aprendizaje, y, desde esa humildad que recalca en cada ocasión, se aventura a quitarse cierta constricción.

Si las piezas frente el piano recalcan que el camino se está recorriendo, el recurso del clasicismo reaparece con fuerza para remarcar. Cada vez que el trío de cuerda clásico asoma por los focos traseros del escenario, se certifica esa aventura que Israel Fernández está convencido en realizar. Quiere salir de su zona de confort, y no le importa si esto se llega a traducir en resultados moldeados por lo apremiante en esa
búsqueda.

Israel Fernández foto

Ese transitar se puede realizar con esa tonada que, hasta esa noche, nunca había interpretado en directo o con lanzarse por fandangos frente a la extrañeza del piano. Está claro que esa necesidad la mantiene un Israel Fernández que, no obstante, siempre regresa a su origen. Que sea o no refugio lo sabe él, pero sí que parece claro que esa actitud más purista es en la que parece liberarse de cualquier escrutinio. La búsqueda está ahí, aunque, de momento, asome tímidamente tras la virtud de lo innato.

(Fotos: David Madrid / Inverfest)

 

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