Napalm Death + Varukers + Whiplash (Sala Mon) Madrid 05/02/25
Los conciertos se viven, pero hay algunos que también se sobreviven. El del pasado jueves en la sala Mon es de estos. Varias generaciones del ruido más militante reunidas bajo un mismo techo, con denominador común; velocidad, rabia y pogo constante, de esos que hacen replantearse la integridad de las vértebras, de ahí de lo “sobrevivir”. Y es que la gira de Napalm Death – propiciada por Madness Live – ha tenido acompañantes de lujo. Por una parte, estuvieron los británicos Varukers, leyendas vivas de la segunda hornada del punk británico, que salieron a cumplir con oficio y mala leche.
Provenientes de los 80´s, como sus primos hermanos Exploited, G.B.H, o Discharge (con los que comparten miembros) Varukers ofrecieron un set directo, sin concesiones, punk de trinchera, guitarra hiper distorsionada y letras que siguen oliendo a protesta y mala leche. No venían a descubrirnos nada nuevo, más bien a demostrarnos que siguen en pie, como sus crestas; y que su música sigue teniendo relevancia algunas décadas después.

Cambio de escenario, montaje de otra batería en el centro de este y una pantalla con calaveras y cosas “jevis” nos indicaban que era el turno de los (también) veteranos Whiplash, a los que le tocó aportar la dosis de thrash old school necesaria para terminar de engrasar al público.
Con un Tony Portaro (único miembro de la formación original) a la guitarra y voces principales, los de New Jersey dieron la velocidad adecuada y la actitud, para que algunos ya fueran perdiendo el respeto a la ley de la gravedad. Sonaron compactos, sólidos y sin florituras, thrash clásico a piñón y con canciones como: “Last Man Alive”, o “The Burning of Atlanta”. Poco más se puede pedir.

Pero seamos sinceros, aunque no hiciera falta decirlo, la banda alrededor de la cual orbitaba todo eran Napalm Death, y su entrada en escena dejó claro que aquello iba a desembocar en un caos absoluto. Nada más arrancar se convirtieron en una tremebunda apisonadora sin frenos. El pogo se volvió tan bestial que la sala se convirtió en una autentica olla, moshing constante, algunos volando por encima de cabezas ajenas y ese muro de sonido al que nos tienen acostumbrados.
Antes de meterse ya de lleno en la actuación sin prácticamente paradas, Barney Greenway soltó unas primeras palabras en español, ganándose al personal desde el minuto uno y no tardó en dejar claras sus proclamas antifascistas, recurrentes en otros momentos de actuación. Barney no paró quieto ni un segundo, recorriendo el escenario de lado a lado, señalando, arengando y escupiendo cada canción como si le fuera la vida en ello.

Hubo también un momento especial para mencionar la ausencia de Shane T. Embury, histórico bajista del grupo, actualmente fuera de esta gira. Barney le dedicó unas palabras, mientras el puesto al bajo lo ocupa Adam Clarkson, que cumplió con solvencia, encajando perfectamente en ese engranaje brutal que son Napalm. El resto del grupo estuvo, sencillamente, en su línea: Danny Herrera, una apisonadora humana tras la batería, preciso y demoledor y John Cooke, machacando su guitarra y manteniendo el muro de ruido sin fisuras.
El repertorio fue un repaso generoso y contundente a su carrera, sin apenas tregua; “Strong-Arm”, “I Abstain”, “Contagion”, “Suffer the Children”, “Unchallenged Hate…” clásicos, material reciente como Throes of Joy in the Jaws of Defeatism, y momentos de unión absoluta con los suyos, como “Scum”, o el inevitable “You Suffer”, celebrado como si fuera un himno generacional.

En 1981 la escena punk/hc californiana se estaba llenando de elementos nazis y de ultraderecha, provocando violencia y palizas organizadas en muchos conciertos. Jello Biafra al frente de Deak Kennedys decidió hacer una canción alejándose de su ironía habitual, nada de segundas lecturas ni mensajes subliminales, aquí opto por ser directo y así nació la canción “Nazi Punks Fuck Off”.
Napalm Death versionaron “Nazi Punks Fuck Off” en directo y en grabaciones a finales de los 80 y principios de los 90, integrándolo en su repertorio como declaración de principios sin discusión. Con el auge del National Front y la infiltración de la ultraderecha en escenas oi!, punk y metal, lo convirtieron en uno de sus himnos y señas de identidad que no puede faltar en sus conciertos. Así que la suelen dejar para los momentos finales de sus conciertos y así es como supimos que esto estaba a punto de acabar.

Cero sorpresas y ni falta que hacen. Napalm Death demostraron, una vez más, que no son solo uno de los padrinos del grindcore y lo que luego devino en música extrema, también son una fuerza política, física y emocional sobre un escenario y fuera de él; Barney Greenway colabora en montones de proyectos solidarios y parte de los beneficios del merchandising van a algunas ONGs, tal y como estaba explicado en su stand. Cero nostalgias, a pesar de ser una banda con unos cuantos años, cero pilotos automáticos, una energía que muchas bandas jóvenes quisieran para sí. Puede que, en un concierto suyo salgas con algunos moratones, pero te llevas también la certeza de haber visto a una banda necesaria.
Fotos Napalm Death + Varukers + Whiplash: Fernando del Río

