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Joel Sarakula – Companionship (Legère Recordings)

Hedonismo. Hacer música para disfrutar, para que baile el personal. Debe ser algo maravilloso, todo un servicio público. De hecho, el artista que hace esto merece no ser medido por el mismo rasero que los demás. Merece que no le valoremos con sesudas críticas que exijan la constante reinvención, el nuevo paradigma que salve un pop al que llevan demasiado tiempo revoloteando los buitres.

Y nada de eso exigimos, por tanto, a un tipo tan extremadamente majete y “acariciaoídos” como el australiano -desde hace tiempo afincado en Londres- Joel Sarakula, que desde que apareciera su anterior trabajo, el excelente Love Club (2018), se ha pateado incansable los escenarios europeos, entre ellos muchos españoles, en los que se ha ido granjeando una audiencia extremadamente fiel entre los amantes del groove e incluso algunos que no tienen ni idea de qué va esa película, porque lo que quieren sencillamente es pasarlo bien. Y él les da eso en cantidad generosa.

Por eso ¿qué más da que su nuevo disco -el que hace cuatro en su discografía- no cuente con los elementos de sorpresa y con tarjetas de presentación tan relucientes como tenía el anterior? ¿Es eso realmente relevante? De acuerdo, aquí no hay un hit incontestable como “Understanding” para abrir el album y engancharnos irremediablemente a su escucha. Su rescate de los sonidos FM de los años setenta, a base de mucho yatch – vía Steely Dan, Boz Scaggs, Hall & Oates, Doobie Brothers…- y muchísimo smooth soul con Philadelphia y toda la era disco en mente, ya no es algo servido tan fresco como cuando nos dieron la entrada al club del amor. Sí que existe, no obstante, cierta tendencia más acentuada a la introspección, pero Joel hace lo que hace, y no lo puede evitar.

El chiste ya nos lo contó, sí, pero oiga, a mi me sigue gustando que me lo cuenten. Porque es realmente bueno. Y uno no puede evitar poner los pies en marcha cuando suenan “I’m still winning”, “Harmony o “Don’t give up on me”. La mercancía no será del día, pero se sigue sirviendo fresca, por tanto no se indigesta en absoluto y además es exquisita. Quizá en un próximo disco, de ser de nuevo un calco, el efecto sea ya el de un ajoaceite mal hecho, pero de momento, puedo comer y comer hasta la hartura.

Y es, de hecho, lo que me ha dado por hacer en estos días duros. Escucharlo una y otra vez. Con el solete que he podido arañar, especialmente a la hora del vermú, cuando la primavera obra sus triquiñuelas para hacernos relativizar lo malo, ha sido el perfecto ambientador. Por tanto, el título, Companionship, no podría haber sido escogido con más tino: sonidos carnosos, ejecutados con la soltura del que tiene el mojo en el cuerpo, con acabados de terciopelo, con la caricia de la brisa sonando en cada surco. Puro groove para hacerle a uno compañía.  Es lo que tiene el hedonismo, sobre todo cuando está bien servido, que convierte todo en relativo, incluso el hecho de que se repitan fórmulas ¡El mundo es una jodida catástrofe y este tipo me ayuda a olvidarlo! Ante eso, ¿Qué más dará todo lo demás?

Escucha Joel Sarakula – Companionship

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