En torno a 60.000 personas se han congregado en el Estadio Olímpico de Sevilla para presenciar el primer concierto en estadios, a nivel mundial, de la gira de presentación del último trabajo de los californianos Red Hot Chili Peppers. Unlimited Love (2022) es un álbum en la onda funky y rockera alternativa a la que nos tienen acostumbrados el vocalista Anthony Kiedis, el bajista Flea y el batería Chad Smith, que además marca la vuelta del guitarrista John Frusciante, que va y viene de la formación desde 1988 y cuya presencia siempre ha dado lugar, como saben sus acérrimos/as seguidores, a la gestación de los discos más aclamados de la banda; Blood Sugar Sex Magic (1991), Californication (1999), By The Way (2002) o Stadium Arcadium (2006).
La cita ha contado con invitados de lujo, todos ellos también de California, para amenizar la tarde; el muy interesante neo soul jazzero de Thundercat y el pop rock alternativo de Beck, quien se ha unido al cartel recientemente, en sustitución del rapero ASAP Rocky. Beck y sus músicos, dispuestos a arrasar, han ofrecido un recital corto, pero vitalista y emocionante, en el que el público les ha correspondido sobradamente en todo momento, otorgándoles máxima complicidad, especialmente y como no podía ser de otra forma, a la hora de interpretar su hit, “Loser”.
Los protagonistas de la noche, Red Hot Chili Peppers, han aparecido envueltos por impresionantes pantallas curvas con imágenes que mezclaban la realización en directo del evento con dibujos psicodélicos. Flea, con sus incombustibles cuatro cuerdas y la cabeza teñida de amarillo con círculos rosas ha vuelto a ganarse gran parte de la atención, en un mano a mano escénico con su amigo Anthony; soberbio en su papel de frontman, desatado e impecable. Las baquetas de Chad Smith, motor del sonido en directo del grupo, han sido las culpables de que el público no dejara de menearse en ningún momento. Y Frusciante, como siempre, ha sabido mantenerse elegante, al margen, cediendo el protagonismo y ejecutando acompañamientos sutiles pero efectivos, hasta el momento de encajar sus letales riffs o sus espectaculares solos.
Sin embargo, desde la entrada a la carrera de Anthony en el escenario para dar paso a la vitoreada “Can’t Stop”, los Red Hot han estado lastrados por un sonido atronador, innecesario, en demasiadas ocasiones estridente. El acertado single de presentación de Unlimited Love, “Black Summer” y las sumamente coreadas “Charlie” y “Scar Tissue” han servido para abrir boca, antes de continuar con la exploración de las entretenidas piezas de su último trabajo; “Aquatic Mouth Dance”, “Whatchu Thinkin” y “Here Ever After”, intercaladas con las infalibles “Snow (Hey Oh)”, “Californication”, o “Soul to Squeeze”. Así, ha habido tiempo para desplegar toda la artillería funk rock de la banda, en ocasiones más pop y en otras más hip hop, y para ponerlo todo patas arriba con composiciones salvajes como “Nobody Weird Like Me”, del añejo Mother’s Milk (1989), en la que Flea ha demostrado que sigue siendo capaz de demoler muros con su técnica de slapping. Un fragmento de “Hey Joe” ha servido para rendir homenaje a Jimi Hendrix, antes de que la esperada “Give It Away” pusiera punto y aparte a una fiesta de la que nadie se quería marchar. Tras las súplicas y palmas del público, el grupo ha vuelto, con Flea haciendo el pino, incendiándolo todo con la eterna “Under the Bridge” y la celebrada e igualmente mítica “By the Way”.
Sin duda “Otherside” ha sido la mayor ausencia de un concierto en el que el cuarteto ha desplegado todo su magnetismo, tocando y moviéndose con audacia, brincando sin parar, sonando más duros que en el estudio y estirando algunas composiciones para un mayor lucimiento instrumental. En definitiva, los Red Hot han hecho felices a la mayoría de los presentes, a pesar del sonido, reafirmándose desde esta primera fecha de su gira del «amor ilimitado» como una de las bandas en activo más grandes del mundo.
Foto Red Hot Chili Peppers: David Mushegain


















