Ramírez – Young is the new old (Munster Records)

Mucho se habla del impacto generacional de la música, de los choques frontales entre los gustos de los más jóvenes y los de sus mayores. Esa es la clave del auge en su momento del rock and roll, el punk, el hip hop o ahora del famoso reguetón. Pero además de confrontaciones, todos sabemos que la música también genera afinidades indestructibles. Su poder también sirve para reunir alrededor de su culto a gente de todas las edades, sobre todo en esta época donde todo está disponible y el pasado se difumina hasta confundirse con el presente en una bruma viscosa y rara.

De la colaboración entre tres generaciones surge esta maravilla llamada Young Is The New Old, segundo disco de Ramírez Exposure, autoeditado pero con distribución por parte de Munster Records. Por un lado el propio Ramírez, veinteañero que ya nos deslumbró con Book Of Youth (Gran sol, 2015) hace un par de años; por otro Ken Stringfellow, a punto de entrar en la cincuentena, que colabora en varios temas; finalmente, el sexagenario Marc Jonson, un tipo extraño y casi desconocido que publicó su primer álbum con 20 años, en 1972, para después desaparecer y volver en los 90 con un nuevo nombre, Mark Johnson. A su cargo está la producción del álbum, que además incluye una versión de una de sus canciones, “Suddenly sunshine”.

Todos ellos, pivotando alrededor del extraordinario talento de Ramírez para crear pequeñas joyas pop, han puesto una vela a Brian Wilson y otra a los discos navideños de Phil Spector y se han dedicado a dar rienda suelta a su amor por el pop con sabor a playa, a sol, a euforia pero también a tragedia adolescente. Amor por los grupos de chicas de los 60, por los Beach Boys  (“All’s well that ends well”, “Blurred vision”), por los ídolos de adolescentes como Paul Anka o Neil Sedaka. “Hazel love” suena como un The Last Waltz de los 90 donde se hubiesen juntado REM, Prefab Sprout y Matthew Sweet. Los coros, estribillos, arreglos de cuerda, campanitas, castañuelas, panderetas, etc. están colocados con mimo, con pasión por el sonido grandioso y al mismo tiempo sencillo, sensible. Hay también espacio para explosiones new-wave como “Fiction”, una canción que en realidad no pertenece a ningún tiempo ni lugar y que podría haber sido tanto de Nick Lowe o Elvis Costello como de Los Flechazos o The La’s. Los Beatles, juntos o en solitario, se aparecen al escuchar “Suddenly sunshine” o el tema que da título al disco.

Para acabar de redondearlo, Ramírez escribe unas letras en las que encapsula, además de diferentes referencias cinematográficas, todos los sentimientos de ilusión, angustia, ensoñación, romanticismo, incertidumbre y hastío que pueden pasar por la cabeza de alguien que transita la primera década de la edad adulta en esta época acelerada y convulsa. Sumen todos los datos anteriores y obtendrán un Pet Sounds en toda regla.

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