The Harlem Gospel Travellers (Sala Loco Club) València 22/02/26
De todas las músicas puestas al servicio de la humanidad por el pueblo afroamericano, sin duda el gospel es la menos conocida por el gran público. De alguna forma es algo que pertenece a su cultura de tal modo, que en la vieja Europa u otros sitios no acabamos de cogerle el punto. Y eso que no hay ciudad que se precie sin su correspondiente coro gospel, pero yo me refiero a la música y la experiencia verdadera que supone el gospel. Sólo quien haya presenciado alguna vez una misa, aunque sea como la típica atracción turística en Harlem dentro de un viaje a Nueva York, es consciente de la que se monta ahí.
Incluso para alguien que se confiesa ateo, la experiencia de ver cómo la música penetra en el espíritu cuando esta gente celebra sus liturgias, es algo totalmente sobrenatural. Algo que traspasa el alma de tal modo, que es imposible ver cosa igual. Y ojo, que nadie quita la inmensa influencia que esto ha tenido en otras corrientes musicales. Desde el mismo momento en que Sam Cooke dejó a sus Soul Stirrers y comenzó una seglar carrera en solitario inventando el soul, el gospel está en el ADN de todo lo que vendría después.

Pero siempre ha sido muy difícil, por no decir imposible, poder disfrutar de una experiencia puramente gospel fuera de América. Existen actos conocidos en el género, como la legendaria Mahalia Jackson, las incursiones de Aretha Franklin (ni se les ocurra perderse la película Amazing Grace, así como el correspondiente disco) o los primeros Staple Singers, pero nunca se les ha visto demasiado girando por Europa u otros sitios que no sean Estados Unidos.
Y es que el gospel ha sido la cuna de muchos artistas, pero muy pocos han hecho carrera de ello. Por eso es tan importante una banda como The Harlem Gospel Travellers. Pocas o ninguna como esta pueden traerte aquí, a tu casa, la epifanía de la música sacra afroamericana de una forma tan explosiva como ellos lo hacen. Y encima trayendo un mensaje importante: se puede hacer esta música y cantarle a Dios siendo moderno, queer y hablando de temas importantes como el racismo o la libertad sexual.

Hacen falta bemoles para, en ese mundo en principio tan tradicional, ser como ellos son. Con base, obviamente, en Harlem y descubiertos, allá por 2014, por Eli “Paperboy” Reed, el trío formado por Ifedayo Gatling, Dennis Bailey y George Marage lleva ya tres discos estupendos en su haber, el tercero de los cuales, Rhapsody (2024) mereció una nominación al Grammy.
Y es que cualquiera que les haya visto en directo sabe que son algo más. En València ya tuvimos ocasión de vibrar con ellos hace un tiempo y tal vez por ello, la entrada del domingo en el Loco Club, el mismo lugar que los recibió en aquella ocasión, fue más que generosa y rozando el sold out. Nos visitaban en el marco de una gira que han denominado On The Streets y que, además de por Valencia, pasa por ciudades como Oviedo, Gijón, Sevilla o Madrid, entre otras.

Aunque me parece que el de Valencia, domingo, era sin duda el día más indicado para disfrutar como es debido de unos enérgicos e intensos cantos al señor. Por eso la atmósfera celebratoria que se respiraba en la sala era poco menos que palpable. El boca a boca de su anterior visita sin duda precedía a esta y las ganas eran muchas de recibirles, así que estos tres muchachos y los cuatro miembros de su banda se llevaron al salir a escena una de esas ovaciones que le meten a uno tal subidón en el cuerpo que es capaz de dar el mejor concierto. Y vaya si lo hicieron.
Los tres vocalistas realmente disfrutan de lo que hacen, pero esto va más allá: se nota que sienten que están, como decían los Blues Brothers, “en una misión de dios”. Saben que lo suyo es importante. No sólo por motivos musicales. Sino porque tocar esa música, con respeto, pero siendo totalmente ellos mismos, es un mensaje alto y claro. Por eso cuando suena “He ‘s on time” lo que se desprende del escenario es un gozo verdadero, que se transmite inmediatamente a la audiencia.

La gente congregada levanta los brazos, mira al cielo, disfruta y siente el espíritu. Habrán ateos, agnósticos, ultra-cristianos o simplemente, creyentes, pero a todos nos une en este momento que la música traspasa todo, hasta ideologías o credos, para llegar al mismo centro de nuestro ser. Y no me quiero poner metafísico, conste, pero es que lo vivido a través de este recital fue realmente especial.
Los discos de los Travellers están muy bien, pero no reflejan ni por asomo el grado de fervor que alcanzan sus directos, así que temas como “Get involved”, “Let me tell you”, la estupenda “Nothing but his love” (coreada por todo el mundo) o “Somebody’s watching you”, suenan explosivas, casi como auténticos clásicos, como si uno estuviera viendo a una mezcla de The Impressions, The Temptations y The O’Jays a la vez. La banda es estupenda, hace un trabajo que va más allá del mero acompañamiento, ellos están pletóricos y el sonido del local es perfecto. Así que es difícil no caer rendidos. Idefayo, Dennis y George se turnan cantando y a veces incluso rapean, saben mostrar quienes son sin dejar de respetar lo que hacen. Se ponen incluso túnicas blancas en un momento dado para “sacralizar” un poco más el asunto.
Todo está orquestado, sí, pero no se nota. Así que cuando llegan los bises y acaban bien arriba con “God’s been good to me” la gente está completamente saciada, por no decir “salvada”. No de sus pecados, de sus miedos o del diablo, sino de un día a día que nos lleva a estar cada vez más separados, más polarizados. Aquí, por una noche, todos fuimos uno. Hay que ver lo increíble que es a veces el poder de la música.
Fotos The Harlem Gospel Travellers: Juan Pardo

