Gorillaz – The Mountain (Kong)
Veinticinco años después de irrumpir con una banda de dibujos que sacudió la escena con un debut rompedor, Damon Albarn y Jamie Hewlett siguen siendo incapaces de repetirse. The Mountain, noveno álbum de estudio de Gorillaz, es también el más personal y el más doliente. Ambos creadores perdieron a sus padres con pocos días de diferencia en 2024, y ese duelo no se esconde en estas canciones.
El combo amplifica visiones del contenido Cracker Island (2023) y nos muestra quince nuevos cortes de tempo pausado, donde las melodías que se abren con cautela, dejándonos con la sensación de estar ante un disco que no tiene prisa por engancharnos con grandes reclamos. Todo forma parte de un viaje que se entiende mejor en su conjunto.
El álbum arranca con la pista homónima, donde el bansuri de Ajay Prasanna y el sitar de Anoushka Shankar construyen una obertura de temple casi devocional. Esa inmersión en la música india ha sido fruto de la estancia de Albarn y Hewlett en Mumbai, Nueva Delhi y Varanasi, no es un capricho exótico sino el eje emocional que atraviesa estas canciones. Una búsqueda de trascendencia en tiempos de duelo.
A partir de ahí el registro se amplía por diversos frentes. «The Happy Dictator», con Sparks, recupera el warpop sardónico y teatral que esos veteranos del artificio llevan practicando desde los setenta, y suena a encuentro entre dos mundos que se reconocen al instante. The God of Lying» convoca a IDLES y el resultado es una de las piezas más peculiares Gorillaz ha grabado en años, con la energía de la banda de Bristol chocando productivamente contra el minimalismo electrónico. Johnny Marr aparece en «The Empty Dream», «The Plastic Guru» y «Casablanca» (con Paul Simonon), aportando esa guitarra característica tan limpia y melódica, siempre al servicio de la canción que recuerda los mejores momentos de Plastic Beach (2010).
Pero donde el disco se vuelve verdaderamente singular es en su relación con los muertos. Tony Allen, Bobby Womack, Mark E. Smith (no se pierdan «Delirium»), Dave Jolicoeur de De La Soul, Proof. Voces rescatadas del archivo y recontextualizadas con un cuidado que convierte su presencia en algo más que nostalgia. Aquí The Mountain funciona como una meditación sobre la continuidad, sobre lo que permanece cuando alguien se va, y Albarn, que lleva toda su carrera explorando la melancolía sin caer en el sentimentalismo fácil, lo maneja con brillantez.
«Orange County» es quizás el ejemplo más claro, construida sobre una melodía sencilla con el toque de Birzarrap y una producción casi desnuda, Albarn repite el mismo verso sobre despedir a un ser querido hasta que la repetición deja de ser recurso literario y se convierte en algo parecido al rito. No todas las apuestas funcionan con esa precisión, algunas piezas del tramo central pierden tensión y el autotune aparece metido con calzador, pero son fallas menores.
Gorillaz convencen con un un disco sobre la pérdida que se niega a sonar apesadumbrado; dando una nueva vuelta de tuerca a una carrera que en nuestros días nos sigue pareciendo un milagro.

