La portada del nuevo disco de los tarraconenses Islandia Nunca Quema muestra un espacio idílico: una noria al fondo envuelta en nubes en lo que aparenta ser un apacible día primaveral, y unas jirafas parecen que se hayan colado en el objetivo. Descoloca la escena. La fotografía de Salva Miranda es inquietante, hermosa, y aunque aparentemente sea una escena monótona e inofensiva, esconde un soterrado misterio. ¿Algo está pasando fuera del objetivo? ¿Alguien juega o llora o grita aterrado? ¿Por qué no hay nadie ahí? Así de entrada la tipografía del grupo sobreimpresa me ha recordado a la famosa Windsor ExtraBold Condensed que utilizaron Pulp en los tiempos de Different Class, y esa noria me retrotrae al paso del tiempo; un tiempo que queda como gravitando en nuestra memoria, como un anclaje temporal suspendido en la neblina, pero que la banda no se rinde a darle una pátina de nostalgia de mediana edad, y es todo resplandor, nada de tonalidades sepia.
La banda formada por Salva Miranda, Jordi Ximeno, Marc Volpini y Carles Ribas saben jugar con la caligrafía pop con sutilidad, elegancia, y muestran con este Electricitat Estètica (No Aloha, 2026) una evolución respecto al anterior -y notable- álbum homónimo de 2022. Las cosas del indie no son fáciles para algunos, y esto de autogestionar un sello y editar discos cada vez se parece más a un acto de sabotaje, pero aquí siguen cuatro años después, mirando la realidad con cierto cinismo no exento de humor, y habiendo acuumulado experiencia personal y como grupo, que se nota en la entidad de estas canciones. Retomando lo escrito más arriba Islandia Nunca Quema saben conjurar la tradición para traerla a estos días desenfocados a través de canciones esculpidas con cariño envueltas en letras excelentes y unas armonías fibrosas.
La melancolía que desprende “El Cementiri de Brompton” acoge ecos a las melodías de Robert Forster, y Miranda canta sobre el paso del tiempo y alusión a ¿un nuevo comenzar de la banda? “[…] todo acaba aquí / y vuelve a comenzar / en una espiral / Quién nos recordará eternamente…” El mismo tropo del tempus fugit y la esperanza de ver una salida tras un bache existencial, alcanza su esplendor en “Els Dies Són Massa Curts”, uno de los mejores momentos del disco, en donde los diálogos de guitarra combinan la tradición jangle con pinceladas de americana.
La jocosa “Not Dead Yet” (sí, Salva cantas mejor que nunca aunque se lo cuestiones) se atreve a exponer las dudas de si merece la pena seguir tocando canciones cuando parece que el mundo va a otra velocidad y necesita nuevos inputs a cada momento. ¿Quemarlo todo? No, seguir como nunca, y así, de ese entusiasmo por la música salen temas tan redondos como “Sylvia” que no tiene nada que envidiar a Ducks Ltd., la evocación a Orange Juice en la divertida “Mantra Boogie” (grandes arreglos de viento), y llegados al final -con The Posies en el horizonte- con “Els Missaires” y su furiosa crítica a la religión.













