La Bande-son Imaginaire

La Bande-son Imaginaire: «No es una impostación, es un proyecto honesto que refleja nuestra naturaleza cultural»

Hay una regla no escrita en la raquítica y sobrepoblada industria musical: si no tocas guitarras complacientes, no cantas en inglés para el mundo y no le lames las botas al promotor de turno, estás condenado a la intrascendencia de los bares de mala muerte.

Por suerte, todavía hay tipos dispuestos a patear el tablero y la lógica. La Bande-son Imaginaire; tres forajidos armados con sintetizadores, un violín rabioso y la poesía maldita de Charles Baudelaire cantada en francés no solo mandó al carajo esa regla, sino que compró, con su propia autogestión, las mismas puertas que la escena local les cerró en la cara. Mientras el circuito «purista» los ninguneaba con el viejo pretexto de que no vendían boletos, Óscar, Heri y Bramm sacaron sus ahorros, rentaron sus propios recintos y apostaron por un caos teatral que mezcla el existencialismo europeo con el misticismo sepulcral del mexicano. El tiempo y la taquilla les dieron la razón.

La ironía es poesía pura: hoy rompen las barreras del mainstream en México reventando el Teatro Metropólitan, el Pepsi Center o tocando en el Vive Latino, mientras que en los sombríos festivales de Bélgica y Holanda son venerados como una banda de culto, compartiendo oxígeno y distorsión con tótems europeos.

En esta charla exclusiva; posterior a la resaca emocional de su último triunfo en la CDMX, nos cuentan la crudeza de un negocio que te devora si parpadeas y reflexiones que la banda disecciona sobre el choque cultural de exportar su teatro mortuorio al viejo continente, la falsedad de los nichos musicales y por qué, en un país que baila sobre sus propios cadáveres, la única salida digna para un artista es convertir su rareza en un arma inquebrantable.

«Decimos que somos dark wave, pero al final es un proyecto tan nutrido por tres tipos con múltiples influencias y habilidades artísticas que es inevitable no quedarse encasillado»

¿Cómo describen realmente su sonido, dicen unos que son del Dark Wave, que el Jazz Horror, otros hablan de que son Gothic-Vintage? ¿Y cómo se dio el inicio de la banda con esa instrumentación tan particular?

Óscar: En cuanto al género, decimos que somos dark wave, pero al final es un proyecto tan nutrido por tres tipos con múltiples influencias y habilidades artísticas que es inevitable no quedarse encasillado. El arte es evolutivo, crece, se transforma y busca nuevos horizontes; eso es algo que a veces ni los artistas ni el público dimensionan. Nuestra base y esencia electrónica es el dark wave, pero lo que nos define como proyecto es la búsqueda de espacios sonoros que acompañen siempre a una historia imaginaria. Por eso a veces es difícil decir si es post-punk o gótico rock; no pensamos en géneros, sino en qué elementos quedan bien con el mensaje que queremos dar.

Heri: El inicio fue extraño. Originalmente íbamos a tener un violinista y un guitarrista, pero el guitarrista fue a un ensayo y jamás se volvió a aparecer, así que nos redujimos a tres. Empezamos a improvisar. A veces metíamos cosas de jazz o atmósferas; nuestra primera canción duraba quince minutos. Todo ha ido evolucionando porque siempre estamos conociendo nuevos programas y técnicas para hacer crecer a la banda.

Óscar: El destino también jugó su parte. Cuando yo tenía cinco años en Veracruz, agarré una guitarra, me corté el dedo y dije: «No quiero tocar esto, no me gusta». Ese fue el inicio de por qué la banda no tiene guitarras (Risas); el destino nos condujo a una alineación poco convencional, algo estilo Morphine con su saxofón. Y sobre el idioma francés, desde niño tuve pasión por la poesía y en la adolescencia descubrí a Baudelaire. No es una impostación, es un proyecto honesto que refleja mi naturaleza cultural actual. Además, mi esposa es francesa, lo cual explica mucho; hemos ido a París a tocar y la influencia se contagió al resto de la banda.

A lo largo de su carrera, ¿alguien en la industria les “sugirió” meter guitarras, batería o cantar en español para «pegar más»?

Bram: “La gente opina porque tiene boca” (Risas)… y claro que nos ha pasado. Colegas nos han dicho: «¿No les interesaría un guitarrista?». Pero como artistas tenemos la terquedad y la necesidad de hacer lo nuestro. Tú solo vas descartando las cosas que sientes que no van contigo. Estamos abiertos a experimentar y aprender nuevas herramientas, pero nunca porque nos lo impongan por moda. Muchas veces la precariedad nos obligó a ocupar solo los elementos que teníamos a la mano y tratar de hacer lo mejor posible con ellos.

Hablemos de la estética y sus presentaciones, que muchos «especialistas» describen como «rituales modernos». ¿Cómo diseñan esa experiencia y qué papel juega el teatro?

Óscar: Cuando vas a una obra de teatro vanguardista (estilo Grotowski o Peter Brook), hay un momento milagroso donde el actor se para en el escenario, no hace nada, y el público siente la necesidad de verlo porque hay una energía invisible fluyendo. Si grabas eso en video, no tiene sentido; la gente diría que es chafa, mediocre. El teatro es esa energía invisible que toca al espectador presente. A eso nos referimos con teatralidad: al manejo de la energía. Cuando la gente sale de nuestros shows diciendo que fue un ritual mágico que no pueden controlar ni explicar, es por esa transmisión invisible. Tratamos de que el proyecto sea una propuesta artística completa. Se crea un universo con múltiples representaciones. La parte cinematográfica y los videos musicales son un complemento que sugiere un imaginario. Siempre recomendamos al público: escuchen la música, lean las letras (ahí entra la poesía), vean los videos para la parte visual, y vayan al concierto para cerrar el círculo. El show es la culminación de ese proceso imaginario.

Retomando el tema de la estética, bandas como Ghost o Lost Acapulco dan entrevistas con máscara para mantener el personaje. ¿Ustedes nunca sintieron la necesidad de ocultar su identidad abajo del escenario?

Heri: Nuestros personajes, las máscaras, son un «alter ego», una parte de nosotros que sale en ese momento. Pero no son personajes simples de «soy el malo porque sí»; son personajes complejos con mil facetas. Unos nos ven como salvadores y a otros les causamos terror. La magia del teatro es que al actor lo ves como una persona normal abajo del escenario y arriba lo ves encarnando un personaje. Aquí ven las tres caras: la materia, el monstruo y el fantasma. Sería muy chafa ser todo el tiempo los entes que ven en el escenario, porque dejaríamos de ser personajes complejos.

Sobre su paso por Europa. ¿Cómo ha sido la respuesta del público europeo y el contraste con México?

Óscar: Existe una extraña paradoja. En México, el nicho gótico nunca nos abrió las puertas cuando iniciamos. Nos saltamos esa escena, tocamos en bares y terminamos haciendo un Teatro Metropólitan, convirtiéndonos casi en una banda que coquetea con el «mainstream». En Europa, en cambio, somos una banda de nicho, purista, compartiendo carteles con leyendas míticas del dark wave. Allá somos escena oscura de nicho europeo; aquí somos «masivos».

Heri: En el Baroeg Open Air de Rotterdam pensamos que la gente no prendía porque, a diferencia del público mexicano que es eufórico, allá brincaban, pero de manera más reservada. Sin embargo, al bajar del escenario nos dijeron que nunca habían visto a su gente tan prendida, atenta, disfrutando y recibimos comentarios muy positivos.

Bram: Fue una conexión muy peculiar e íntima. Estaban muy compenetrados con el control de la energía escénica. En Bélgica fue diferente, sentimos que el público era una roca que teníamos que martillar porque estaban muy a la expectativa; pero al final, se acabó toda la mercancía en una hora.

Con elementos de su obra como Macario, Pedro Páramo o la fiesta mortuoria, ¿creen que su música funciona como un espejo o una sátira de la realidad mexicana?

Heri: Somos una radiografía descarnada de nuestra cultura. México es un país mortuorio; tenemos un placer por la muerte, la vemos como motivo de fiesta y embriaguez, y bailamos el dolor. Para un europeo, la muerte es triste y ya. No entienden por qué en una fiesta patronal mexicana un mayordomo ahorra diez años para quemarlo todo en fuegos artificiales y dar de beber a todo el mundo. Ese es el ritual de nuestra idiosincrasia, y La Bande-son Imaginaire es exactamente eso. Incluso la Catrina de Posada trae un sombrero francés; somos profunda y macabramente mexicanos.  El arquetipo de la muerte mexicana es una calavera a la usanza francesa. Si nos vamos a poner muy exquisitos, es también parte de la idiosincrasia mexicana.

Con la actual crisis y el cierre de foros pequeños y grandes en México, ¿qué espacio creen que sostiene realmente a la escena: el festival masivo o el bar de 300 personas?

Óscar: Muchos foros no es que hayan cerrado, es que no nos invitaban porque decían que «no llenábamos» (Risas). Los foros deberían promover a las bandas, no cerrarles las puertas asumiendo números sin conocer las estrategias detrás. Si no te dan un espacio, debes buscar otros donde puedas expandir la comunidad. En Francia fue igual, en París. Hablamos con un promotor y el promotor nos dijo: «No, no vas a llenar». Fue lo mismo. Nosotros creímos que en Europa iba a ser distinto. Y entonces dijimos: «¿Sabes qué? Al diablo» vamos a hacer lo mismo que en México; vamos a rentar un foro en París y rentamos un foro en París y la gente pagó para vernos.

Heri: Como nos cerraron las puertas, decidimos rentar los foros nosotros mismos y correr el riesgo. Confiamos en nuestro proyecto. Le pagábamos al empresario y nos quedábamos la taquilla; cuando vieron que sí era negocio, ya querían cambiar el trato. Nadie te abre las puertas, así que tú debes construirlas. Hay que ver a la banda como una empresa: lo que ganes, ahórralo y paga un recinto más grande. Nosotros rentamos el Circo Volador solos, con nuestro equipo; la boletería fue nuestra. Hemos sido totalmente independientes, y los llamados a los festivales grandes han llegado como consecuencia de esa autogestión.

Para cerrar, ¿tienen en la mira llevar el proyecto a Estados Unidos o que lugar les interesa que aun no hayan pisado?

Óscar: Nos han pedido ir a lugares como Los Ángeles, pero actualmente el trámite de visas es muy costoso y complicado, así que de momento está en pausa.

Bram: Nuestra ambición es exportar la banda. Hay grupos mexicanos muy buenos que se quedan atrapados en la geografía local. Queremos ser como Europa o Estados Unidos, que constantemente exportan su música al resto del mundo; queremos llevar nuestro universo mucho más allá.

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