Si el legendario Sam Cooke hubiera sobrevivido a aquellos fatídicos tres disparos que le descerrajó la gerente de un motel de Los Ángeles y le causaron la más absurda de las muertes allá por el mes de diciembre de 1964. Y sii, además -por imaginar que no quede- hubiera llegado vivito y coleando a nuestros días, seguramente alucinaria. Y lo haría por varios motivos: dejando a un lado el perjuicio al mundo que está causando la peor administración que ha conocido su país, seguramente no daría crédito al comprobar el buen estado de salud del que goza la música que él -más quizás que ningún otro creador- ayudó a edificar.
El soul, es decir, la mezcla entre lo profano (el rhythm and blues) y lo sagrado (el gospel) fue su obra principal en este mundo. Él, como nadie, supo inyectar fervor sexual al fervor religioso y así generar un torrente de música que, efectivamente, llega a nuestros días tanto renovado -en forma de r’n’b o neo soul- como de forma fiel a su versión original. Ahí están luminarias como Jalen Ngonda, The Black Pumas, Leon Bridges, Thee Sacred Souls, Durand Jones & The Indications y un largo etcétera para corroborar esta afirmación.
Pero con lo que más alucinaría Sam Cooke es que a este largo etcétera desde este 2026 hay que añadirle un trío de muchachas cuyo talento proviene directamente del suyo, o mejor dicho, de su ADN. Y es que el asunto de la herencia genética de The Womack Sisters –BG, Zeimani y Kucha Womack– merecería ser escrito en un libro aparte, pero sintetizando: son hijas de Cecil y Linda Womack (de apellido de soltera Cooke), que formaron durante los años ochenta del siglo pasado el exitoso dúoWomack & Womack (eternos, su “Teardrops”o su “Love wars”), lo cual significa que son también nietas de Sam y sobrinas del no menos legendario y esencial para la música soul Bobby Womack. Casi nada…
Pero la genética no lo es todo(¿verdad, James McCartney?). Estas tres muchachas han sabido currárselo y eso se nota en el que es uno de los mejores álbumes debut de este 2026. Un debut muy esperado, debemos decir, porque los adelantos que iban rondando desde el año pasado ya auguraban algo grande y porque la maquinaria que tienen detrás, el prestigioso sello Daptone Records de Brooklyn, ha puesto toda la carne en el asador con ellas.
Y es que no era para menos. Las voces de estas tres mujeres, unidas a una capacidad interpretativa que les viene de casta, campan por sus respetos a lo largo de un disco que, digámoslo ya, resulta soberbio. Pero no se dejen engañar por todo este asunto del pedigrí musical: las tres hermanas, como hemos sugerido, no lo han tenido nada fácil. De hecho, llevan desde 2007, por no decir mucho antes, intentando abrirse paso en un mundo musical que no les ha abierto ninguna puerta por ser quien son.
Al margen de haber vivido en medio mundo (con Londres como base principal) y salido de gira constantemente con sus padres -cuyos conciertos solían abrir bajo el apelativo de The Ejyptsian Queen – a principios de este siglo decidieron trasladarse a Los Ángeles y probar suerte. Allí hicieron de todo: vender marihuana, tener una empresa de limpieza, conducir un UBER o ser dependientas de Zara, mientras grababan maquetas con una concepción clásica del soul que, una vez tras otra, era rechazada por las discográficas, que entendían que su sonido debía ir más encaminado hacia el pop y el r’n’b (incluso las intentaron, infructuosamente, hacer rapear, los muy incautos).
Bendito el momento, pues, en que unos preservadores del sonido carnal como son los capos de Daptone (Gabriel Roth, alias Bosco Mann, fue quien las fichó en 2016), entendieron a la perfección lo que querían hacer. Bosco Mann se convirtió en su mentor y productor. Escuchó mucha música con ellas hasta entrar en el estudio de grabación y a base de eso, consiguió que las cosas estuvieran muy claras en cuanto a qué dirección tomar. Sencillos como “Chauffeur” (sobre su experiencia como conductoras de UBER) o la muy celebrada -y con infecciosos tintes latinos- “If I let you” comenzaron a inundar las redes y hacer sonar su nombre.
Pero quedaba la prueba definitiva: un disco largo que ha tardado casi diez años en llegar y que este agosto, pese a lo malas que son las fechas estivales para estas cosas, al fin se ha materializado, demostrando plenamente lo prometido: un banquete de soul servido por tres jefas que cantan con conocimiento, desparpajo y profundo sentimiento una colección de canciones que no conoce bajón ni fisura. El sonido, marca de la casa, con el bajista de los Dap-Tones al timón, es perfecto, y los temas están compuestos con el corazón en la mano, sin imposturas ni intentos de sonar a nada que no sean estas tres mujeres y su experiencia vital, que es mucha.
Canciones que usan todas las armas del género para que no queden dudas de la increíble versatilidad del trío y van del deep soul de “Monster” o “I just don’t want you (to say goodbye)” , al modern soul de “If you want me”, a los aires latin de “Laughter and tears” o la comentada “If I let you”, a un nada usual coqueteo con el soul sinfónico, sofisticado y psicodélico que encarnan“You went away too long” o “All around” y, finalmente, ese early soul tributario del estilo de su legendario abuelo y que cierra el álbum de forma rotunda bajo el título “My sisters and me”. Todo eso compone un disco que deja poco lugar a la crítica y que es justo lo que se proponía ser: la preservación de una de las tradiciones musicales más importantes desde que la música es música. Todo un logro. Y, sin duda, uno de los debuts del año.













