Ina Iriondo junto a Anita Pérez llevan más de un cuarto de siglo siendo una pareja que siempre se han sentido cómodas en zonas de no confort, y eso ya de entrada es de agradecer en un panorama musical, el estatal, tan proclive al acomodo. Con su proyecto Munlet han ido editando discos que no han bajado del notable, incluyendo un chispeante homenaje a los Devo en Munlet plays Devo (2023), que daba con la tecla idónea para divertirse jugando con el legado de los de Ohio.
Pero no contento con esto, además en Maraca Diablo Iriondo se planteó meterse en su estudio de grabación para dar rienda suelta a su iconoclastia. Desde su debut con Hail Zigurat! (2012), la formación arrancó como un proyecto muy personal de Ina, para después abrirse a configurar algo parecido a una banda con músicos la mar de talentosos. Llegados a este punto, el de Mendaro regresa tras un paréntesis de algunos años para ofrecer un excelente muestreo de sonidos crepitantes, repleto de paisajismo esquivo, y armonías que rehuyen el lugar común. De nuevo acompañado por amigos que desde hace años le acompañan en sus andanzas, aquí hay canciones cimbreantes que conforman un tapiz de tonalidades y ritmos que se van hibridando.
Del folk que parece coexistir con el motorik y pespuntes fronterizos (“Irla Bat”) pasamos al pop metronómico de psicodelia sixties (“Lore Ederrena”); de nuevo el pop de autor al estilo de Dominique A en bellas historias de amor (“Esan Baietz”) al tecnopop que parece un cruce entre Alex Chilton y Young Marble Giants cantada por Anita Pérez (“Sr. Lavadora”).
Los sonidos crepitantes te pillan con el paso cambiado (“Sidi Embadek”), y la lisergia y los recuerdos a Cancer Moon se amontonan; el rock intenso con ecos a Michel Cloup (“Artzain Baten erijotzean”) desarma en su aplastante concisión; Pérez vuelve a cantar sobre ritmos llenos de reverb (“Y Volar”); el rock cavernoso a lo The Cramps o Captain Beefheart (“Lagunak”) atrapa con fuerza, y al final, como si hubiésemos cerrado el círculo, volvemos a los parajes más folk aunque siempre esquivos (“Txaskario II”). Un gran disco.













