Mientras el algoritmo premia a una generación de artistas diseñadas para balbucir, no incomodar y encajar en el molde aséptico de las tendencias virales, el mundo real se cae a pedazos entre alquileres impagables, polarización y discursos de odio.
En medio de ese escaparate de plástico, encontrarse con alguien que todavía cree en el ruido, en la complicidad de las viejas tribus urbanas y en las mujeres que molestan es casi un acto de resistencia.
Con una camiseta de Hole como declaración de principios y el metal de Hermética tatuado en la memoria adolescente, la mente detrás de «Miss Universo» llega a España (con paradas en Madrid y Barcelona) para presentar un disco que escupe directamente sobre la exigencia de la perfección femenina.
Su nuevo material es un Caballo de Troya; estructuras pop infecciosas y cantables que esconden guitarras de grunge, destellos de nu metal y una urgencia ideológica puramente punk. BB ASUL desmenuza en esta charla la hipocresía de la industria, la trampa estética de las redes sociales y la urgencia de recuperar la música como trinchera. Porque cuando el sistema está diseñado para que siempre pierdas, solo quedan dos caminos posibles: hacer canciones o prenderle fuego a todo.
«Son las opciones que tenemos: hacer canciones o matarlos a todos»
“Miss Universo” parte de una idea muy potente: convertir aquello que alguna vez fue señalado como defecto en una fuente de identidad y orgullo. ¿En qué momento dejaste de intentar encajar en la mirada de los demás y empezaste a construir tu propia definición de belleza, éxito y pertenencia?
Es una lucha medio constante, que nunca termina, porque uno piensa que ya zafó, después te pasa otra cosa y dices: “Ah, mira, todavía no estoy tan afuera”. Es muy difícil porque está todo muy entrelazado. Yo trabajo en una industria que es muy hermosa y tiene cosas muy positivas, pero también tiene cosas muy difíciles para las mujeres. Sobre todo, ese tema de estar todo el tiempo disconforme con nosotras, si no es por el cuerpo, es por no sé qué; siempre hay algo para decir. Y eso, bueno, tiene sus cuestiones que inevitablemente suceden en la psiquis de una cuando trabaja en esto.
¿Hasta qué punto una artista puede ser realmente diferente sin terminar convirtiendo su diferencia en otro producto que el mercado pueda vender?
Sí, es loco, porque hay gente que es súper “mainstream” y que uno pensaría que es un tremendo producto, pero de repente es súper real; los conoces y son un amor. Y también hay gente que pareciera ser “muy under” y es todo lo contrario. Es muy difícil juzgarlo desde afuera sin conocerlos personalmente. Me pasa mucho de encontrarme en mi rubro con gente trabajando que es súper amable y divina, y dices: “¿Pero vos no eras alguien re reptiliano?”. Y al revés también, la persona supuestamente más disruptiva después no tiene nada que ver. Es complejo porque cuando conoces a las personas en la vida real es completamente otra cosa. Pero sí me parece que todos hacemos un poco de nosotros mismos un personaje cuando estamos en público, y a veces es difícil distinguir qué cosas forman parte de ese personaje y qué cosas no. Creo que eso se construye haciéndolo. Siento que cuando recién empecé quizás tenía algunas ideas de lo que “había que hacer” que hoy ya no tengo. Qué sé yo, es algo que voy aprendiendo con los días.
El disco se mueve entre grunge, nu metal, rock y pop, géneros que históricamente han construido diferentes tipos de “tribus” y códigos de pertenencia. ¿Qué encontraste en esas músicas que quizá no encontrabas en los espacios donde se suponía que una artista como tú debía encajar?
A mí lo que más me interesa de la música es sostener la idea de la canción; que no se me vaya de la estructura cancionera, que tú la recuerdes y que sea linda de cantar. Eso es lo que más me importa. Después el género va variando mucho. Dentro de mi disco, “Miss Universo”, siento que, por supuesto priman el rock y el grunge, y hay un poquito de “nu metal”; hay algo ahí estilístico, pero que siempre se sostiene sobre una base popera, cantable. A veces me pasa que hay gente que dice que hago música urbana, gente que dice que hago rock y gente que dice que hago pop. No me obsesionan los géneros; de hecho, me gustan los artistas que son difíciles de clasificar. Creo que este disco, desde ya, tiene una intención súper rockera, y no solo desde el audio, sino desde la impronta ideológica. Me parece que es un disco que quiere que el mundo vuelva a ser más punk. Pero bueno, quizás el próximo disco sea otra cosa; no es que me caso con un género. Esa palabra que tú dices, “tribu”, para mí es clave. Cuando era niña y adolescente, toda la vida escuché punk, hardcore y metal. De más grande le fui entrando a otras cosas, pero eso fue con lo que me crie, y ahí realmente se armó una tribu. Es una cosa de que te vistes con la remera de una banda y, si te cruzas a alguien con la remera de esa misma banda, ya hay una complicidad, en mi país hay una banda de metal muy importante que se llama Hermética. Yo tengo una remera de Hermética y, cuando salgo con ella, pasan otros con la misma remera y te hacen como un saludo con el puñito; hay algo ahí de complicidad. Para mí, eso no lo tiene la cultura de hoy. Existía esa cultura de las tribus urbanas, que en Buenos Aires fue fuertísima en su momento, donde todo giraba a partir de la música que escuchabas. En un punto era súper sano, no tenía que ver con autodestruirse ni con nada parecido, sino con qué música escuchabas y qué logo tenías en la mochila, y por eso te hacías amigos. Para mí era muy hermoso, y en este mundo actual que es tanto más virtual, me encantaría recuperar un poco de eso; me parece que sería muy bonito.
Hay una paradoja interesante en la industria actual; mientras las plataformas hablan constantemente de diversidad, identidad y representación, también existen algoritmos que tienden a premiar determinados cuerpos, estéticas y fórmulas musicales.
Y en lo que significa la música para la gente. En mi caso, mi familia es toda de músicos y mis amigos eran todos músicos, así que en mi vida la música lo es casi todo. Pero para otros amigos que quizás no tocaban ningún instrumento, igual era la banda que te gustaba y capaz te peleabas a muerte con el que seguía a la banda rival. Para un adolescente, la música era como la vida misma; además representaba muchas cosas, no era solo el sonido, era la ideología, tu forma de vestir, un montón de cosas. Hoy está todo medio lavado y que, de repente, la música ya no viene con ideología. Por lo menos no lo aparenta, porque de fondo sí está esa música que te dice “tengo autos caros, tengo un montón de putas”. Por supuesto que eso lleva consigo una ideología, pero no te la dice explícitamente. Pareciera que es vacía y nada que ver: te está queriendo convencer de algo bastante feo. Por el contrario, encuentras a artistas previos, y actuales también, aunque hoy quizás no estén tanto en el ojo público, que tienen mensajes hermosos que hacen bien. Tampoco es algo de los años veinte, pero sí era algo muy marcado. Hace diez, quince o veinte años lo teníamos muy arraigado, éramos fans y nuestras bandas lo eran todo para nosotros.
También existe una presión particular sobre las mujeres artistas para mostrarse fuertes, empoderadas y capaces de responder a todo. ¿Crees que a veces el discurso del “empoderamiento” termina convirtiéndose en otra obligación: ahora además de triunfar, tienes que demostrar públicamente que eres una mujer fuerte?
Justo ahora estamos en un momento donde se les exige a las mujeres ocupar el menor espacio posible, están todas raquíticas, hablando bajito, haciendo canciones medio suavecitas, diciendo “miu, miu”, como muy tranqui. Ya no sé qué significa «empoderamiento» hoy. Es una palabra que se ha usado tanto y que agarraron tanto las empresas y los políticos… en un momento significaba algo muy concreto y hoy ya no lo sé, porque de repente tienes a un montón de chicas diciéndote que es empoderante estar en OnlyFans. Y está buenísimo si lo quieres hacer, genial, pero no me vendas que es empoderante, porque depende para quién. Siento que lo que se espera de las mujeres es siempre lo mismo, que no rompan las bolas, solo que se va disfrazando de distintas cosas. Ahora lo veo muy claro; hay artistas que, en 2018, en la época más picante del feminismo virtual, tenían esa actitud de “tengo las piernas de esta manera, bailo y canto como quiero”, mujeres con un cerebro espectacular; y de repente ahora son todas iguales, están ahí hablando bajito. Yo extraño mucho a las mujeres molestas, a las mujeres que incomodan. Bueno, tú tienes una remera de Nirvana y yo tengo una remera de Hole, mujeres que no es que busquen incomodar a propósito, sino que tienen una postura de: “Tengo esto para decir, lo lamento un montón si no te cierra, y no me voy a doblar”. Bueno, en mi disco digo: “No voy a jugar a ser idiota para gustarte más”. Es decir, si no te gusta lo que tengo para ofrecerte, no pasa nada, no cambia nada.
Sí, esa parte provocadora se ha perdido, y cuando llega a aparecer hoy en día, uno percibe inmediatamente que es algo falso o prefabricado, a diferencia de la naturalidad que había antes.
Y a la vez está esa cosa de la “música feminista” o de chicas diciendo: “girl power”, pero donde todo el discurso es tipo “estoy re buena, tengo un montón de plata”. ¿En qué momento eso tiene que ver con el feminismo? No le estás dando un mensaje que le sirva a nadie, porque las chicas que “están buenas” van a seguir sufriendo todo el machismo igual, y las chicas que tienen plata también. Y las que no tienen plata no pueden hacer nada para tener más en este momento del mundo, sobre todo en mi país, donde la política y la economía son un desastre. Hay toda una narrativa de que las mujeres y el feminismo dominan el mundo de la música, pero están todas en bombacha y corpiño. Y no es porque ellas quieran, es porque “hay que hacerlo”. Eso es muy raro, yo no tengo nada en contra de estar en bombacha y corpiño, me encanta, pero quiero hacerlo porque tengo ganas, no porque si no lo hago no me escucha nadie. En mi país hay una banda dosmilera de pop, que ya no está tan vigente, llamada Bandana, como si fueran las Spice Girls argentinas. Ahora se volvieron a juntar y, por supuesto, están todas más grandes porque pasó mucho tiempo. Hoy en Twitter me apareció un video de ellas y había una persona comentando: “Tal integrante de la banda está súper gorda, sáquenla”. ¡Como si eso fuera lo que determina si puedes ser parte de una banda o no! No tiene nada que ver. Está muy internalizada la misoginia, porque jamás ves que digan “Este varón está muy gordo, sáquenlo de la banda”. Eso nunca pasa. Es que lo tenemos todos adentro, tampoco es que yo diga “Soy la reina del feminismo y la aceptación”. A mí también me atraviesan esas cosas, pero justamente por eso me puse a hablar del tema en el disco, al final, si yo siendo mujer odio a las mujeres, me estoy odiando a mí misma, y es desesperante. Es lo que les pasa a todas: están desesperadas por ser más flacas, por operarse, por teñirse el pelo, por hacerse el alisado, por operarse la nariz… y eso pasa un poco porque te convencieron de que estabas mal, y no es cierto.
Ser mujer dentro de la música todavía implica enfrentarse a preguntas, expectativas y juicios que muchas veces no se les hacen a los hombres; apariencia, edad, sexualidad, cuerpo, vestuario, personalidad. ¿Cuál ha sido el juicio que más te ha molestado recibir como mujer y qué aprendiste de enfrentarlo?
Y también hay algo que para mí es muy importante y que quise mostrar sobre todo en el videoclip de “Miss Universo”; esa idea de que no hay manera de que tú ganes. Por más que te pierdas a vos misma, que hagas todo “como hay que hacerlo” y sigas el ABC de todas las reglas, igual pierdes, porque a alguno no le va a gustar. Las chicas más hegemónicas que hacen música en mi país son perseguidas todos los días por alguna boludez. Porque al fin y al cabo es misoginia; no tiene lógica, es odio a las mujeres. Entonces, hagas lo que hagas me va a molestar, porque te odio, por supuesto, la gente no lo ve así porque no siempre es adrede; es una cuestión sistemática que sucede hace años. Después, la chica más linda que conoces está en su casa diciendo “estoy horrible, tengo que hacerme más cosas para estar más linda”. Primero, pierdes la vida queriendo ser más linda, estás en tu mejor momento, haciendo un montón de cosas, y en lo único que piensas es en si estás dos o tres kilos arriba de lo que quisieras. Y segundo, es algo que nunca termina porque siempre aparece una exigencia nueva. Hace dos años se hacían todas esas cirugías BBL, que era agrandarte el culo y achicarte la cintura, y hoy tener el culo grande es un pecado absoluto. No hay manera de ganar, no hay forma; así que mi recomendación es mandar todo a la mierda. Estamos en un momento muy oscuro a nivel social en todo el mundo. Están pasando cosas horribles y nos está bajando la calidad de vida a todos. Y que eso ocurra justo al mismo tiempo en que las exigencias de belleza se triplican no es casualidad; es para venderte cosas. Es convencerte de que sos insuficiente para venderte productos y para que estés más atenta a eso que al hecho de que tu alquiler y tu sueldo ya no combinan. Les sale perfecto, porque están todas hablando de qué “skincare” usan, qué pelito tienen y bla, bla, bla, cuando en realidad de lo que habría que hablar es: “Che, hay gente diciendo que el voto femenino no sirve”, mientras estás distraída con otra cosa.
“Miss Universo” tiene una colaboración con Lali, mientras que otros temas involucran a artistas como Massacre y Taichu. ¿Qué buscas realmente cuando invitas a alguien a entrar en tu universo: una colaboración que sume audiencia, una conversación artística o alguien que pueda revelar una parte de tu propia música que tú sola no habías encontrado?
Hay dos cosas. Por un lado, está la cuestión de la canción en sí, cuando estás escuchando un tema que hiciste y dices “Esta canción realmente sería mejor con esta persona específica”. Creo que en este disco pasó exactamente eso con las tres colaboraciones. En el caso del tema con Massacre, además del cantante está toda la banda; tocaron los músicos y, por supuesto, mejoraron muchísimo el tema porque le pusieron su impronta y estuvo buenísimo. Por otro lado, hay una parte afectiva: el decir “admiro mucho a esta persona y quiero que forme parte de mi universo”. Hay gente que quizás quedaría muy bien estéticamente en un tema, pero si no me genera nada afectivo, no me interesa. En mi disco son todas personas que admiro y quiero; me gusta cómo trabajan, me gusta lo que piensan, me siento identificada con ellos en algo y admiro su música también.
En un momento de tanta polarización, violencia y discursos de odio, ¿qué puede hacer una canción que quizá no pueda hacer un discurso, una consigna o una discusión en redes?
Hoy hay muchísima desconfianza hacia la política, y con razón. En cambio, desde el arte, en el mejor de los casos, ojalá se pueda devolver una sensación un poco más rebelde, de no comprar todo tan rápido ni resignarse diciendo: “Bueno, listo, los políticos son así, el mundo es así, estamos terminados y ya nada sirve”. Se trata de retomar la idea de que el mundo es nuestro; no es del 10 %, es del 90 %. Esa clase tan rica y superior económicamente, que tiene vidas mucho más acomodadas, no es la mayoría; son una gran minoría. Si el mundo más proletario se rebelara contra eso, cambiarían mucho las cosas. Hay mucha música hecha, intencional o no intencionalmente, para distraer, gente que te dice “yo hago música para pasar el rato”, lo cual está bien, cada uno sabrá. Pero hay otra música que te genera ganas de cambiar algo. Pasó con muchas bandas a lo largo de la historia y hoy es muy necesario. Justamente una de las razones por las cuales era tan importante para mí que Lali estuviera en mi disco es esa: ella sufrió una persecución ideológica por parte del gobierno nacional de nuestro país, solamente por no estar de acuerdo con dichos muy homofóbicos que ellos tenían. Ella, a su manera y desde el arte, les dio pelea, y eso generó en la gente una sensación de estar menos sola. Hoy la vida se está volviendo muy solitaria; trabajar remoto desde tu casa, hacer todo virtualmente y que cualquier plan social sea tan caro está aislando a la gente. De repente, encontrar que hay otros millones de personas con un sentimiento parecido al tuyo hace bien. Espero que así sea, y eso también es un empuje para seguir haciendo canciones. Cuando yo era chica, esa noción de que el mundo estaba mal y había que cambiarlo me la dieron los músicos; me la dieron los Sex Pistols, no un político. Porque el político un día me decía que el gobierno era una mierda y al otro día estaba dándose la mano con ese mismo gobierno. Yo siento que desde el arte realmente hay una posibilidad, no digo de cambiar las cosas de golpe, pero sí de darle un pequeño impulso a las personas. Ojalá.
Si Miss Universo nació de mirar aquello que otros consideraban un defecto y convertirlo en identidad, ¿qué defecto de BB ASUL terminó siendo, paradójicamente, una de sus mayores fortalezas como artista?
Yo soy mujer en un país muy misógino y en un rubro muy misógino también. Eso hace que intentar decir lo que piensas de verdad, y no lo que “queda bien” decir, te cierre muchas puertas. Hay mucha gente que te dice “no digas eso”, y de repente en este disco dije todo eso y siento que la gente conectó mucho más. Así que, para mí, es hermoso. Me pone contenta sentir que esa es la manera, porque muchos intentan convencerte de lo contrario; te dicen que la forma es “caretear”, que es una palabra muy argentina para decir “posturear algo que no sos”, hacerte la buena y la tranquilita. Darme cuenta de que siendo una loca no me quedo tan sola como parecía, me da muchas ganas de seguir haciéndolo.
Hay locos que creemos que todavía se puede hacer algo al respecto.
Por suerte, sí; ojalá se pueda. Si no, habrá que matarlos a todos. Son las opciones que tenemos: hacer canciones o matarlos a todos.
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