Con su postura de boicot a las grandes plataformas musicales, abogando por una distribución física de su obra y apoyados por el boca oreja entre sus fans a través de foros especializados y medios alternativos, los franceses BRUIT < se han convertido en todo un referente musical en cuanto a honestidad artística y oposición al planteamiento actual del negocio.
Por si esto fuera poco, su post-rock de cámara, tan intenso como sutil y evocador, es de una calidad y necesidad del todo imperante para los alienantes tiempos que vivimos en prácticamente cualquier parcela social en la que podamos pensar.
Por ello, se hacía del todo obligada la asistencia a su concierto en Madrid el pasado martes en la mítica Sal El Sol. Primera vez que pisaban Madrid y segunda que tendría la ocasión de disfrutarles tras la tremenda sorpresa que me supuso la defensa de su cancionero como teloneros de los imprescindibles compatriotas Alcest el pasado año a su paso por Barcelona.
Una abarrotada sala permanecía expectante y respetuosa frente al que sería un gran acontecimiento para los amantes de la escena. The Age of Ephemerality (25) es, posiblemente, el mejor disco internacional de post-rock con el que nos hemos topado en los últimos años. Un secreto a voces que, lamentablemente, gran parte de la prensa y público no parecen conocer derivado de las propias coordenadas artísticas que postulan, pero que goza de una militancia incondicional entre sus fieles.
El cuarteto llegó al escenario con su habitual actitud tímida, sincera y discreta, y no tardaron en funcionar como un todo cohesionado, preciso e intenso, siendo los temas que forman parte de su última obra mencionada los que aportaron mayores pasajes de belleza e incandescencia en franca simbiosis.
Las texturas conseguidas por el violonchelo y violín, unidas a una base rítmica impecable –pena que la batería para mi gusto estuviera demasiado alta y ahogara un poco el resto de instrumentos- y los apuntes de guitarra entre delicados y fieros, construyeron auténticas catedrales sobre las tablas como “Progress / Regress”, la trepidante “Data” y la bifurcación entre belleza y violencia de una de sus cimas, “Technoslavery / Vandalism”.
A destacar el rescate de la maravillosa “Bloom”, el mejor tema de la noche para quien les escribe, con una progresión soberbia y demostración palmaria de que Godspeed You! Black Emperor no tienen mejores alumnos y relevo generacional. Tras su agradecido speech hacia una audiencia que ha conseguido hacer de su propuesta artística un ejemplo de resistencia sostenible frente al imperio Spotify, abandonaron el escenario con su primeriza “The Machine Is Burning”, para mi gusto un tema sin el suficiente empaque para cerrar un concierto que fue notable.
Fotos BRUIT<: Raúl del Olmo





















