El Hijo – Canciones Gringas (Acuarela)

El Hijo (Abel Hernández) se prodiga en pequeñas dosis. Tras el excelente La Piel del Oso, cinco piezas de cosecha propia, Canciones Gringas supone una continuación mínima en duración -cuatro versiones-, pero no en contenido. No es este un trabajo de tránsito; las piezas son reinventadas por el espíritu del ex Migala. El esfuerzo de adaptación al castellano y el personal dramatismo de la interpretación son sus bazas.

La querencia fronteriza y cinematográfica, si bien no aparece tan explícita como en su anterior banda (aún recuerdo la naturalidad y la certeza al introducir en sus canciones diálogos de films como El Graduado, El Hombre que Disparó a Liberty Balance o El Espíritu de la Colmena) sigue estando presente. Un lenguaje inteligible e íntimo, por mucho que sea recitado por un gringo outsider, se atesora de un discurso ajeno y lo hace propio desde que el traqueteo del tren nos embarca a través del desierto de Tucson.

“Últimamente” (“These Days”, Jackson Browne), desnuda y pesarosa, recuerda los momentos más reposados de Arde o las tonadas más taciturnas de Nacho Vegas. “Una Larga Cuesta Abajo” (“A Long Way Down”, Michael Penn) y “Era Joven Cuando me Fui” ( “I Was a Young when I left Home”, Bob Dylan) sitúan a Abel Hernández en la clásica tradición de story-teller. Crepuscular y solemne suena “Leche y Miel” (“Milk and Honey”, Jackson C. Frank), quizá la mejor del lote.

Sin los arreglos y la belleza intrínseca de su primer EP, El Hijo, sin embargo, gana un duelo desigual armado de austeridad, consiguiendo una mayor tensión expresiva; es esta una grabación de plano corto, de cámara fija que, paradójicamente, amplía el campo de visión hasta dar la panorámica de una carrera con cuantiosa madera que quemar por mucha que aquellos incendios hubieran agotado.

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