La escena post- rock, si bien actualmente no goza de un festival en condiciones dentro del territorio nacional, podemos decir que cuenta con bastantes conciertos en el circuito de salas del todo estimulantes.
Este miércoles tendríamos la suerte de disfrutar de uno de ellos en Madrid con la llegada de Hubris. a la siempre agradecida para conciertos Wurlitzer Ballroom. La banda suiza venía con un reciente trabajo debajo del brazo, el purificador White Shore (26), nuevo paso en su sólida carrera discográfica fomentando el lado más ortodoxo y reconocible de la escena.
Antes de que el coyunturalmente trío ante la ausencia de unos de sus guitarristas subiera a preparar sus instrumentos sobre el escenario, los madrileños Nuevos Mundos fueron los encargados de abrir la velada a través de un solvente indie rock de herencia planetaria con algún que otro ramalazo de shoegaze. El maridaje entre ambas bandas diríamos que no era del todo afín, y produjo un ostensible cambio entre el público de las primeras filas de uno a otro, acercándose las camisetas congregadas de Jardín de la Croix, Mogwai, Svalbard o Toundra en cuanto terminó de tocar la banda local.
Desde el primer minuto quedó claro que la ausencia de una guitarra no iba a ser en ningún caso un problema para el descomunal sonido que desplegó el combo centro europeo aderezado puntualmente con unos muy pertinentes sintetizadores. Haciendo memoria, me cuesta encontrar en mis archivos neuronales una banda con mayor diferencia de empaque entre el estudio y el escenario. Y eso que Hubris. no es una banda que me parezca en absoluto mediocre en disco, pero sí que es verdad que jamás se me ocurriría ponerla en la primera división del post-rock y derivados, añada aquí cada cual sus predilectos de un catálogo que los fans ya conocemos como mastodóntico y, literalmente, necesario para seguir existiendo en este mundo.
Pero lo que nos pasó por encima fue algo, diría, inesperado incluso en la mejor de las expectativas. Una mezcla armónica de contundencia, sutileza, cadencia plástica y precisión nos dejó del todo boquiabiertos y extasiados; composiciones colosales como la primitiva “Heracles” o bellísimas como su reciente “Is” entretejieron un concierto sumamente lustroso convirtiéndose por derecho propio e inesperadamente en uno de los mejores de este año. No dejen pasar nunca la posibilidad de verles en directo si tienen ocasión.
Foto Hubris: Raúl del Olmo














