Al germano-chileno Matías Aguayo le gusta que su música sea bailada como una experiencia comunal en donde la figura del dj no se esconde tras una cabina, sino que le gusta performar un espectáculo con el público que baila sus canciones. Su música es mutante, orgánica, y de una voluptuosidad que invita a entregarse a unos ritmos que mezclan lo latino con los beats fibrosos, y la cada vez dando más poder a la plasticidad de las voces sin procesar. En su nueva residencia en México está siendo uno de los activos más importantes en la escena de club queer de aquellas tierras: sus apariciones en las fiestas que organiza el colectivo La Nueva Red de Bailadores -con el lema de “libre de alcohol, libre de acoso, libre de competencia”- sus sesiones se caracterizan por un perfil muy festivo en la que mezcla diferentes estilos, y la energía festiva es lo predominante, así como la respuesta necesaria a que el baile pueda ser un elemento no solo hedonista, sino también subversivo en tiempos bajo retrocesos en la agenda social.
A Matías Aguayo lo recordamos por su más que notable trayectoria en el sello alemán Kompakt -sus dos primeros discos Are You Really Lost (2005) y Ay, Ay, Ay (2009) son dos perlas del downtempo y el house-, además del creador de sello Cómeme. Su nuevo disco ha llegado un poco por sorpresa ya que llevaba unos años sin dar señales de vida en formato largo.
Anenoa (Serendeepity, 2026) -el título es extraño, aunque parece una evocación fonética que es el resultado de la idea del artista por crear desde espacios aún por descubrir- es un disco que desprende una libertad de maniobra absoluta, y se refleja en una apasionante fusión de estilos en donde prima el ritmo y las voces. Dice Aguayo en las entrevistas de promoción, que estas nuevas canciones se gestaron en su mente en aquellas noches de fiesta en donde improvisaba el set según los estados de ánimo del público que bailaba. De esa conexión entre ritmo y de cómo este resuena en el cuerpo nace este espléndido disco.
Los sonidos sintéticos se mezclan con instrumentación real tocada por invitados como Rafael Cohen de CHK CHK CHK que toca el bajo en la cumbia deconstruída de “Sentimientos Encontraos”, la mejor forma posible de arrancar un disco por todo lo alto. Los ritmos house con bajos sinuosos que se expanden en la vibrante “Asuca, Rock, Roll” en la que hacen aparición los acordes de una flauta tocada por Angel Deradoorian, y esa forma de declamar de Aguayo deteniéndose en la musicalidad de las palabras que, a la postre, es otro de los grandes aciertos de la producción. Javiera Mena pone voces en “¿No Ves?, un tema que bascula entre las secuencias repetitivas de la caja de ritmos y los guiños a la energía del postpunk más bailable. Como si un guiño a la no wave y al funk de las ESG, la juguetona “Agua Que Corre” tiene la colaboración de Girl Ultra y es una enésima invitación al baile, el zumbido motorik en “Avestruz En Veracruz” parece confundirse con el electroclash, y “The Beat” podrían ser los sonidos que se escuchan de fondo en un local de fetish mezclando un imaginario que iría de Patrick Crawley hasta Meridian Brothers.













