Roses es el séptimo álbum del dúo neoyorquino Widowspeak formado en 2010 por la pareja Molly Hamilton y Robert Earl Thomas. Un disco que se presenta con una preciosa portada que funciona como una declaración de intenciones, con la pintura de un jarrón de rosas con sus espinas, que reflejan las diferentes etapas del amor cotidiano sobre un fondo azul luminoso sin artificios, y que nos anticipa unas canciones envueltas en una atmósfera de realismo romántico muy en la línea de ambientes cinematográficos como “Paterson” de Jim Jarmusch, conjurando al amor como refugio y ancla emocional a través de gestos románticos tan sencillos como citas en una cafetería o viajes compartidos en un coche. Rutinas repetitivas de la vida diaria y que son acciones del amor, que como una flor necesita de atención y cuidado.
Unas canciones que, protagonizadas por la delicada voz de Molly, contrastan con los riffs de guitarra sucios e imperfectos de Robert, donde el dúo ahonda en las emociones sin grandilocuencia con imágenes cotidianas que han ornamentado de romanticismo a través de imágenes metafóricas propias de la literatura hasta escenas a lo road movie (velas, claveles prensados en un libro negro, trozos de papel, cintas en el suelo, coches, carreteras..).
Diez cortes donde mezclan las melodías atmosféricas, el indie-pop y el slow rock nostálgico crean un sonido inconfundibe y propio. El disco se abre con “The Hook”, una pieza tranquila e íntima que describe el fin de un amor juvenil con un halo de nostalgia pero plagado de madurez (“Maybe some things aren’t worth saving/And you know I do/ ButI’d never light a candle/ For the dream of you/ I’m not holding a flame for you“) recurriendo a un riff de cuerdas alt-folk y una batería firme que rompe esa nostalgia.
Le sigue uno de los singles redondos y más enérgicos, “No driver”, con sonido sureño de motel de carretera, enfatizado por un solo de Robert que nos embriaga a través del reverb de aire rústico, para reflejar la incertidumbre y sensación de desorientación en un coche de huida en medio de las carreteras áridas (“Baby I can be in your car, in idle on your street/ You tell me I’m ready when you want to leave/ Baby I can be waiting by the exit, right outside/I know you tried riding out the years without a driver”).
“Roses”, que da título al álbum, es una balada emocional con toques jazzísticos y formato spoken word donde Molly pone en duda el amor perfecto (“Maybe there’s no great love/ I’m looking out for/ In the vast spoils of everything”). Con tono sensual, sobre un piano melancólico y una línea de guitarra con vibrato, Molly evoca la sensación despreocupada de no abrirse al amor («Now you don’t grow roses/Cause the one still hurts”»), pero a la vez presume de poder prescindir de lo material y sentirse plena («I’ve got nothing much to offer / But I feel richer than a king”).
Le sigue posiblemente el tema más perfecto del disco, “If you change”, que florece como una preciosa declaración de amor (“If you change/Don’t change too much”), rematando este sentimiento incondicional con un precioso estribillo melódico. Este single lo han acompañado de un divertido vídeo en el que un peluche perdido cobra vida en Los Angeles con ese toque de humor y acidez característico de su prosa.
Tras este éxtasis emocional llega la preciosa “Wondering”, en la que Molly con voz evocadora a lo Hope Sandoval de Mazzy Star, marcada por una línea de bajo y el sonido relajante hawai del arpegio de la guitarra para transportarnos del desierto árido a una playa paradisíaca (“Baby, it’s a ritual/ A sweet something/ I wanna be your good company/Y ou’ll never leave the table wondering”). De hecho, la pareja que han sido padres recientemente, se trasladó a la serenidad de Hydra para grabar el disco, el mismo lugar donde Cohen encontró su refugio y pasó siete años para vivir su historía de amor con Marianne. Hay que tener en cuenta que ambos miembros tienen sus respectivos trabajos más allá de la música como camarera y carpintero. Por lo que esta balada sensual sirve de escape de la rutina, donde el amor y las fantasías son un respiro frente a los platos sucios y los clientes.
Le sigue “Angel number” en la misma línea con una guitarra más folky, para mostrarnos un amor duradero y paciente para rematar con uno de los temas redondos del disco “Soft cover”, que sube de nuevo el ritmo con un corte más enérgico. Un tema pop pegadizo gracias al precioso estribillo y a una orquestación perfecta donde dan un paso más allá incorporando más registros como el piano y el bajo que marcan el flow de la canción. Un tema que nos recuerda mucho a nuestros queridos King Hannah, una banda con la que comparten muchos sonidos y referentes.
A continuación entra una línea de bajo muy a lo Pixies en “Heaven is waiting”, un corte atmosférico y guitarrero que da paso al cierre con “Hourglass”, una balada al estilo de clásicos como “Unchained melody” que nos envuelve en una nube romántica a través del contraste del piano y los sentidos arpegios que acompañan los suspiros de Molly que se resigna a la distancia.
Un álbum que brota como una bocanada de realismo romántico, tanto a nivel musical ante las actuales producciones digitalizadas, como en su imaginario frágil y sencillo en contraste con las imágenes artificiales en redes sociales.













