Resulta curioso y difícil de entender, por múltiples motivos, que el nuevo disco de Zoh Amba parezca haber pasado desapercibido y sin pena ni gloria para los medios especializados y aquellos aficionados más perspicaces e inquietos en la búsqueda de las gemas que ven la luz cada año en curso.
Para empezar, es el primer álbum de la artista –tras algunos trabajos previos en lo que mostraba preferencias más cercanas al jazz– al amparo del sello Matador, lo que viene siendo garantía de calidad por sí misma. Resulta que, además, la de Tennessee, luce aquí como hermana pequeña de Adrianne Lenker y sus Big Thief, en lo podría interpretarse como nueva fase creativa aún incipiente que queda concretada en canciones de baja fidelidad, ejecutadas a pelo y sin una producción evidente que ose contaminar las propias composiciones.
Por último, la cualidad concluyente de la referencia reside en el atractivo inherente a este trabajo. Las canciones que conforman el presente Eyes Full (un total de trece) rayan a gran nivel, señalando a un álbum con peso sustancial. La mezcla de indie-folk, alt-country e indie-pop-rock ataviado con distorsiones luce sin pulir, y se expresa con algunas imperfecciones que no hacen sino aumentar el realismo (y atractivo) del producto.
Eyes Full no es sino uno de los tapados de la temporada en curso que, entre sus ingredientes, deja espacio para experimentación e improvisación. Una obra intensa y pasional, cargado con diferentes tonalidades dentro de un orden común y nervio mutante a lo largo de canciones tan poderosas como “Another Time”, “Weed Eating”, la propia “Eyes Full” que da título a la referencia, “Dead End Street”, “Thousand Years”, “Child You’ll See”, “Southern Soil” o “Smile With Your Eyes” ejerciendo como cierre y confirmando el gran sabor de boca.













