Antes que nada, algunas citas:
Elton John:
«Si tuviera que elegir un solo disco para llevarme a una isla desierta, sería ‘Songs in the Key of Life’. Déjame decirte algo: dondequiera que vaya en el mundo, siempre llevo una copia de este álbum. Para mí, es el mejor álbum jamás grabado y siempre me quito el sombrero ante la maestría de Stevie.»
«Utilicé ‘Songs in the Key of Life’ como un manual de instrucciones cuando estaba aprendiendo a producir y grabar todos los instrumentos yo mismo. Stevie demostró que un solo hombre podía crear un universo entero.»
Stevie:
«Cuando estás dentro de la música, no sientes hambre, no sientes sueño. Sientes que estás canalizando algo que no te pertenece a ti, sino que pasa a través de ti.»
El contexto
El cómo un chaval de apenas 26 años, niño prodigio del soul y autor de una ristra de álbumes – Music of My Mind, Talking Book, Innervisions y Fulfillingness’ First Finale– absolutamente fuera del alcance de cualquier otro ser humano, exhausto y con ganas de dejarlo todo e irse a vivir a Ghana para trabajar con niños con discapacidad, pasó a rematar la faena con un disco doble (más un EP de cuatro canciones de regalo) que resulta ser un candidato más que probable al siempre disputado título de mejor álbum de todos los tiempos, es una historia tan fascinante, como necesaria de contar para entender la magnitud de lo que tenemos entre manos.
Como digo, Steveland Morris, alias “Little” Stevie Wonder, en 1975 -con 25 años- llevaba a las espaldas una carrera que cualquier otro artista de mucha más edad consideraría inalcanzable. A su descubrimiento por el capo de Motown, Berry Gordy, con tan sólo 9 años y ya en pleno dominio de multitud de instrumentos como la armónica, la batería o el piano, había que sumar una trayectoria sumamente exitosa que había evolucionado desde la manipulación de la discográfica y el sometimiento a sus dictados a una libertad creativa cada vez más acentuada que le había llevado a revolucionar la música con una serie de obras maestras, antes mencionadas, a todas luces insuperable. Y todo ello, que creo que no hace falta decirlo porque es cosa de cultura popular, sin tener a su servicio el sentido de la vista.
Este muchacho ciego, así pues, había conseguido a una edad muy temprana lo que absolutamente nadie, ni siquiera los Beatles en proporción, habían conseguido artísticamente. Su nivel de hastío se debía a un ritmo de trabajo autoimpuesto muy severo, pero también a una ausencia de motivación tras haber alcanzado la cima. Quería cambiar de vida, pero claro, el viejo zorro del capo de Motown se interpuso con una oferta que no podría rechazar.
Stevie firmó un nuevo contrato con Motown por la obscena cantidad de 13.000.000 de dólares, pero eso no era lo más importante: el contrato incluía una carta de libertad creativa que le autorizaba a hacer prácticamente lo que quisiera, sin casi límites. Eso cambió las cosas: sin los ejecutivos de la compañía en el cogote exigiendo un sencillo de éxito, convirtió el estudio en su hogar y más o menos un año después del lanzamiento de su último disco, empezó a crear nueva música de una forma que nunca antes lo había hecho.
“Casi hemos terminado”
Este proceso de grabación duró nada menos que un año, un período de gestación inédito hasta entonces. Por eso hasta que el 28 de septiembre de 1976 el mundo, asombrado, pudo ver publicado Songs In The Key Of Life, no fueron pocos los que dudaron que algún día estas canciones que Stevie había estado preparando casi como un ermitaño y que tanta expectación había despertado, llegarían a ver la luz. De hecho, esta pausa a algunos les vino fenomenal: Paul Simon, al recoger su Grammy por su disco Still Crazy After All These Years, dijo: “Quiero agradecer a Stevie Wonder por no haber sacado disco este año”
Si Stevie ya era un músico especialmente perfeccionista y quisquilloso, durante este período se volvió realmente obsesivo, hasta bordear lo enfermizo. De hecho, si indagamos un poco, las anécdotas a este respecto son muchas: Herbie Hancock, uno de los pianistas jazz más legendarios, colaboró tocando el piano eléctrico Fender Rhodes en “As”, probablemente, el corte más prestigioso del álbum. En una de las tomas, Stevie le pidió a Herbie que tocara una línea absurdamente rápida y compleja como «broma de calentamiento». Hancock, uno de los mejores pianistas del planeta, se esforzó al máximo para ejecutar impecablemente lo que decía, en plan “este no va a poder más que yo”, hasta el punto de llegar a cabrearse bastante. Cuando terminó, Stevie sonrió y le dijo: «Perfecto, esa es la que se queda en el disco».
Durante las maratonianas sesiones en Crystal Sound (Hollywood), Stevie Wonder pasaba días enteros sin dormir, ducharse ni comer prácticamente (de hecho, en las mezclas del álbum, se tiró 48 horas sin dormir, con los ingenieros turnándose para aguantarle el ritmo). Para reflejar su estado mental de obsesión creativa, llevaba puesta una camiseta con una frase grabada que se volvió legendaria entre los técnicos: «We are almost finished» (Estamos a punto de terminar). La llevó puesta durante meses, mientras añadía capas y más capas, descartando pistas, grabando otras nuevas y volviendo loco a todo el mundo.
La innovación por bandera
Una de las cosas que hacen tan especial este disco es que su autor experimentó con nuevos elementos hasta entonces muy poco explorados. Stevie utilizó el legendario Yamaha GX-1 (un sintetizador polifónico analógico del que solo se fabricaron unas pocas docenas de unidades y que costaba una fortuna en la época). Lo llamaba cariñosamente «La máquina del sueño». Casi todas las secciones de cuerda sintéticas del álbum (como en “Village Ghetto Land”) salieron de este monstruo tecnológico.
Además, se apoyó, como ya venía haciendo en otros álbumes anteriores, en el sistema TONTO (sí, como suena: The Original New Timbral Orchestral Synthesizer), una de las invenciones más fascinantes en la historia de la música electrónica y núcleo tecnológico del «periodo clásico» de Stevie Wonder. TONTO no era un sintetizador comercial estándar, sino el sintetizador analógico modular más grande del mundo. Consistía en un enorme entramado en forma de semicírculo de madera de más de 6 metros de largo y casi 2 metros de alto, que combinaba módulos de Moog, ARP 2600, Oberheim. Parecía la consola de mando de una nave espacial de ciencia ficción. Permitía crear capas polifónicas con timbres armónicos nunca antes escuchados, así como líneas de bajo sintetizadas, pero con un cariz orgánico que les daba certificado de realidad.
Un álbum como la vida misma
«Quería hacer un álbum sobre el ciclo completo de la existencia. Por eso lo llamé ‘Songs in the Key of Life’ (Canciones en la clave de la vida): porque la vida tiene su propia tonalidad, sus propios altibajos, sus momentos menores y mayores.»
Dicho así, suena muy grandilocuente, pero Stevie consiguió encuadrar el concepto en una serie de líneas argumentales que le daban coherencia. Básicamente, tres grandes áreas temáticas:
1. Celebración, nostalgia y memoria
- “Sir Duke”: Un homenaje jubiloso a las raíces del jazz (Duke Ellington, Count Basie, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald). Sus arreglos de viento son hoy lección obligatoria en los conservatorios.
- “I Wish”: Un retrato brillante de la infancia en los barrios obreros, impulsado por una de las líneas de bajo más icónicas de la historia del funk (tocado por el gran Nathan Watts)
- “Isn’t She Lovely”: Grabada tras el nacimiento de su hija Aisha, captura el llanto real del bebé y la devoción paterna en una de las melodías más universales jamás compuestas.
2. El espejo social, los derechos civiles y la protesta
- “Village Ghetto Land”: El contraste brutal entre una instrumentación que evoca el pop barroco y una letra descarnada sobre la desnutrición, la brutalidad policial y la pobreza en las ciudades norteamericanas.
- “Pastime Paradise”: Una crítica a la nostalgia paralizante, al “cualquier tiempo pasado fue mejor”, grabada con sintetizadores y cuerdas. Sirvió de sampler al megaexito “Gangsta’s Paradise” del rapero Coolio.
- “Black Man”: Una lección de historia inclusiva que reivindica las contribuciones de personas de todas las razas y orígenes a la construcción de la sociedad.
3. La trascendencia del amor
- “Love’s in Need of Love Today”: La plegaria de apertura que advierte sobre la propagación del odio antes de que sea demasiado tarde.
- “As”: Una épica de más de siete minutos donde el amor se define a través de imposibilidades astronómicas y matemáticas. Fue elegida por la prestigiosa revista ESSENCE como la mejor canción de r’n’b de la historia.
El mastodonte resultante
Stevie grabó, según se estima, entre 130 y 150 temas para este proyecto, que al final se quedaron en 21 canciones repartidas en las cuatro caras de un álbum doble, y otras 4 incluidas en el EP que lo acompañaba, de título A Something ‘s Extra. El registro se realizó entre los estudios Crystal Sound de Hollywood y The Hit Factory en Nueva York, con un plantel de músicos deslumbrante, que iba desde sus colaboradores habituales, su banda de directo (Nathan Watts, Raymond Pounds, Michael Sembello, Ben Bridges, Hank Redd y Ray Maldonado), hasta una amplia lista de colaboradores y colaboradoras más que ilustres (Herbie Hancock, George Benson, Dorothy Ashby, Ronnie Foster, Deniece Williams, Minnie Ripperton), todos ellos, claro, junto a un equipo técnico también de altura: Gary Olazabal y John Fischbach, entre otros.
Con todo eso, el álbum resultante, evidentemente, fue el acabose. Musicalmente había de todo: desde soul, funk o rhythm and blues, hasta gospel, jazz, música barroca, electrónica, afrocaribeña, pop, rock… una amalgama jamás vista, sobre todo de mano de un artista afroamericano. Además, la mayoría de canciones tenía potencial comercial (aunque muchas de ellas eran de una duración superior a la radiable en la época), como “Isn’t she lovely”, “Sir Duke”, “I wish”, “Summer soft”, “As” y así, prácticamente todo el álbum, que no dejaba resquicio ni para el aburrimiento ni para dejar de escucharlo con la boca abierta de par en par.
Por supuesto, fue directo al número uno del Billboard (algo insólito para la época en un álbum doble), y en esa posición pasó nada menos que 14 semanas. Se estiman unas ventas globales de 15 millones de unidades, diez de ellas en EEUU, donde fue certificado disco de diamante. Recibió cuatro Grammys, entre ellos el de álbum del año y el de productor del año.
Una repercusión infinita, pero con reconocimiento tardío
Así las cosas, uno debería pensar que un disco así ha sido saludado por la crítica habitualmente como uno de los mejores entre los mejores, candidato al primer puesto como mejor de la historia, vamos. Pero no, ese honor siempre ha sido, tradicionalmente, para otros discos y hasta hace algunos años, casualmente todos hechos por blancos.
La reivindicación del álbum vino, como es habitual en la música afroamericana, por vía del hip hop. Los samplers de canciones como “Pastime paradise” (en la mencionada canción de Coolio), “I wish” (“Wild wild west” de Will Smith), “Knocks Me Off My Feet” (“Get Money” de Junior M.A.F.I.A. / Notorious B.I.G.), junto a otros muchos, pusieron de manifiesto el inmenso legado que dejaba un disco que poco a poco ha ido conquistando los puestos principales que merecía en las consabidas (y con frecuencia odiosas) listas.
Su influencia en una lista interminable de artistas es altamente reconocible (y en la mayoría de casos, puerta de manifiesto por ellos mismos). Además de Elton o Prince, tenemos a Michael Jackson, George Michael, D’Angelo, Erykah Badu, Frank Ocean, Kanye West o Anderson .Paak. La lista, como digo, podría seguir ad infinitum. Y hoy es plenamente saludado como el pilar musical que cambió muchas cosas. Desde el modelo de independencia artística, hasta el de autosuficiencia musical o el de la experimentación sonora sin límites. A partir de su edición, ya nada volvió a ser igual, el tope había subido varios pisos y este era el espejo inalcanzable en el que debía reflejarse la música futura.
De hecho, 50 años nos contemplan desde su edición el 28 de septiembre de 1976 y si uno lo escucha, es imposible no quedarse boquiabierto una vez más ante una música que no ha envejecido ni un solo segundo. Su vigencia es indiscutible y reconocible en muchas de las cosas que suenan por ahí actualmente. Stevie obró un milagro que él y sólo él podía lograr. Demostró al mundo que el hombre puede convertirse en dios a través de la música. Que la espiritualidad está en cosas como estas, con las que ya no hace falta rezar, sólo escuchar. Y sentir.













