En poco más de un lustro, Fontaines D.C. han pasado de ser una de las bandas más incisivas de la nueva hornada post-punk que venía de las islas, a escapar de toda etiqueta para recorrer un camino propio.
Queda muy poco de esa joven formación que se presentaba con Dogrel (2019), ese arma de destrucción moldeado con guitarras afiladas, un bajo machacón, ritmos tensos y una continua sensación de peligro, con la voz de Grian Chatten escupiendo contra el desencanto de su generación. Con Skinty Fia (2022) vislumbramos la evolución y Romance (2024) certificó su ruptura con el sonido factoría Dan Carey.
Las guitarras dejaron de ocupar el centro para convivir con sintetizadores, texturas, ecos noventeros y estructuras cinematográficas. Un nuevo lenguaje que no dejaba atrás su actitud crítica y el compromiso de sus comienzos; ya no solo miraban el mundo desde las miserias de la vida cotidiana, sino que ponían frente al espejo a una sociedad que confunde estar conectada con el aislamiento y el consumo con la felicidad. Dopamine Chamber (2026) no hace sino prolongar esa exploración a través de la alienación digital, la ansiedad contemporánea y la búsqueda de autenticidad. Todo ello apoyado en, posiblemente, la mejor colección de canciones de su carrera.
Los sintetizadores fríos de Depeche Mode en tiempos de Ultra (1997) asoman en la oscura «Six Shot Morning», puerta de entrada a once canciones en las que nada parece prescindible. Las cuerdas de la hipnótica e inmersiva «Marianne», que conocimos como primer adelanto, desembocan en el pop sintético de «Mimesis». En «Happy For You», los ecos deThe Cure dan paso a una explosión de guitarras distorsionadas de aúpa; «Demolition», una suerte de reverso tenebroso de «Here’s The Thing», recupera la abrasividad del rock de Seattle, mientras que «Tongue» se adentra en un trip-hop pesado y narcótico, próximo a las atmósferas opresivas de Mezzanine (1998).
Como decía, nada sobra en un disco descomunal, capaz de despojarse de cualquier artificio en la vulnerable «One Man»; de recuperar la magia que Lee Hazlewood y Nancy Sinatra farmeaban hace sesenta años en esa joya llamada «Where Is Gone?», junto a nuestra Rosalía; de mostrarse tan góticos como melódicos en una «You Miss Me» que remite a Echo & The Bunnymen; de cantarle al desengaño en «Japan» y de cerrar con «Intimate», una pieza en la que conectan con su pasado y nos dejan una profunda sensación de desolación. Todo ello confirma lo que Fontaines D.C. son hoy: la banda llamada a definir el sonido y las contradicciones de nuestra era.


















