Diamanda Galás – Teatro Albéniz (Madrid)

El Festival de Otoño de este año en Madrid nos permitió disfrutar por partida doble de la diva más oscura y extrema del universo musical: la sin par Diamanda Galás, trasgresora espeleóloga de los sonidos más recónditos del alma. Para los que no la hayan descubierto aún, decir que su propuesta aúna un cruce centrifugado de Maria Callas, con la imaginería musical de la Pj Harvey de To bring you my love y los sirocos de vanguardia arisca del último Scott Walker.

Armada únicamente por sus lúgubres notas al piano y esa voz infernal, dos días antes había brindado su espectáculo La serpenta canta, compendio de temas ajenos absorbidos y maniatados convenientemente por su personalísimo filtro. En esta ocasión su segundo envite, Songs of exile, no nos mostraría una cara tan agreste e inexpugnable como en hitos previos, Plague Mass o ese doble retrato del horror que es Defixiones, Will and Testament.

Su propuesta encontraba las bases en la experiencia del artista condenado al exilio, tanto terrenal como interior, y como debe éste enfrentarse al proceso creativo y a la distancia emocional fruto del enclaustramiento de inspiración disidente. Galás tomó prestados versos de poetas expatriados como Celan, Michaux, Vallejo o Paolo Pasolini para dar forma a odas al terror, lamentos del averno construidos por una garganta operística que aúlla, susurra, ulula y se retuerce ante los cantos de tortura y lontananza.

Una puesta en escena sobria, elegante y con una iluminación extraordinaria, contribuyeron sobremanera a crear un clima solemne de rigor mortis expectante durante hora y media en cada una da las almas allí congregadas: desde los siniestros pertrechados en la soledad de su butaca de esquina, pasando por los modernos que ya acudieron en su día a la exposición de Máquinas y Almas del Centro de Arte Reina Sofía –de oca en oca para poder decir “yo estuve allí” aunque ni aguanten o entiendan lo que perciben-, hasta llegar a los abueletes despistados que antes de los bises se dieron a la fuga dejando filas vacías.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.