Lucas 15 – Joy Eslava (Madrid)

La revisión del Folk Astur que supone el proyecto de Xel Pereda junto a Nacho Vegas, Lucas 15, hizo parada y fonda el pasado jueves en Madrid; y si el disco resulta un bonito retablo de tradición norteña narrada con buen tino, su puesta en escena no estuvo a la altura.

Una voz anciana y sabia, entonando reiteradamente los primeros versos de “Moces a bailar”, supuso la antesala a la entrada de la banda acometiendo el tema –estas introducciones precederían a la mayoría de canciones-. El inicio del show fue plano, sin matices y sin fuerza; los indispensables coros en “Moces a bailar”, “No hay tal andar” y “El diciembre mes glaciar” se quedaron prácticamente en nada, lastrando mucho su escucha. Sólo los teclados y el impecable trabajo a los tambores salvaba una presentación floja donde, impotentes, percibíamos como el legado tradicional se disolvía ante nosotros en pulcritud apática.

Nacho Vegas mostraba, de nuevo, un estado comatoso sobre las tablas –la diferencia entre el estudio y el directo de este hombre empieza a ser gravemente preocupante-, agravado aún más en “Adiós la mío vaca pinta” que invitaba al bostezo mientras –lo juro- escuché algún pito.

El ambiente, como milagro que ocurre en cantigas y leyendas, se recuperó con la intimidad interna de “Romance de la Pola” y el brío de “Como la flor”. Fue entonces cuando Pereda dedicó a los amigos muertos la tremenda “Los fayeos de mayo”, tomando el control y dejando al rubio centrado en los slides. Desgraciadamente, “El sacaúntos de Allariz” naufragó por una marcialidad a medio gas en lo que prometía ser el clímax de la velada.

“Teresina” nos hizo maldecir por lo que pudo haber sido y no fue, quedando como bellísima excepción de melancolía trovadora. “Nel campu nacen flores”, cerrando el grueso del concierto, fue –como la mayoría- expandida por Pereda y arrugada por Vegas. El bis empezó con un sentido homenaje a Asturies con el ex–Manta Ray solo entonando el himno minero a Santa Bárbara y terminó con el bueno de Pereda aportando brillantez y solvencia al arropo de la canción de cuna “Con tomillo y romero.”

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