Milagres – Glowing mouth (Memphis Industries)

Glowing mouth, el segundo trabajo de Milagres, surge al parecer de un periodo de postración vivido por su vocalista Kyle Wilson.

El líder de la banda norteamericana es un apasionado de la escalada y en una de sus expediciones sufrió una grave caída que le costó una rotura de espalda. Fruto de la experiencia, y sobre todo de sus consecuencias, el recogimiento del bueno de Wilson parece haberle inspirado un trabajo que exuda épica cauterizadora.

Hasta aquí quizá les parezca interesante la concepción de Glowing mouth; lo malo viene cuando la épica a la que les hago referencia es la asociada a esas recientes construcciones barrocas ampulosas y huecas de nuevo siglo, aquella que nació timorata con los debuts de bandas como The Dears, Doves o Coldplay, y que ellos mismos se encargaron de acrecentar hasta explotarles en sus narices.

Cuando la pulcritud cristalina no era la argamasa que servía de fuste a la épica y era posible apreciarla a través de imperfecciones o rugosidades exquisitas como las de, no sé, un disco como Siamese Dream (93) o una tema como “The diamond sea”, las cosas eran muy distintas: las canciones no parecían gigantescas compresas con alas que actualmente parecen secuestrarte en un vuelo grácil hacia la asepsia y la abulia.

Así las cosas, poco donde rascar en Milagres: cuasi plagios de los de Chris Martin en cortes como “Gentle beast”, irregulares descensos pop con guiños incluso a Echo & the bunnymen en “Here to stay”, y pocas, muy pocas canciones perdurables.

Sirva como excepción el tema titular “Glowing mouth”, construido a base de sintetizadores, coros y los sempiternos falsetes del vocalista alpinista.

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