Tras siete años de espera -y después de fichar por Sub Pop– sunn O))), o lo que es lo mismo Stephen O’Malley y Greg Anderson parece que vuelven a sus inicios. Este álbum de título homónimo significa un retorno a las bases drone megalíticas que van erigiendo murallas de sonido de una inabarcable abstracción. En estos parámetros de expresionismo ruidista se encuentran ahora, y solo necesitan de ellos mismos para experimentar con las tonalidades y las texturas como en su día lo hicieron con The GrimmRobe Demos (2000), su debut discográfico.
La idea de este álbum nació tras algunos conciertos en pequeñas salas en donde ponían a prueba los oídos de los espectadores, y de paso, transitaban por el concepto budista deL Shoshin, en donde se insta a que las mentes fluyan, y su traslación sobre las tablas era un ritual de ruidos que jugaban con la improvisación (a ellos les gusta el concepto de free jazz y nombrar como referentes a figuras como Coltrane, Tony Oxley o Cecil Taylor y sus derivaciones sónicas en el escenario), el feedback, el lenguaje secreto entre ellos dos (estar envueltos en niebla hace que tengan su peculiar surtido de signos), y riffs faraónicos que, de nuevo, trasladan al oyente una forma intrigante de deconstruir el black metal.
Junto al ingeniero Brad Wood (en su currículum estan Royal Trux, Seam, Tortoise o The Smashing Pumpkins) han creado seis composiciones que apelan a la fisicidad, a cooptar la visceralidad del oyente, capturando la experiencia extrema de sus directos en un disco. Dicen que Wood colocó un micrófono independiente en cada altavoz en el estudio para conseguir un mínimo de ¡130 pistas! de guitarra en la mezcla final.
De esta manera, y a colación de lo de los micrófonos, arranca “XXANN” y se escuchan distintas fases de sonido de la guitarra de O’Malley y Anderson que en el estudio han sido debidamente encajadas, y esto da la sensación de estar nadando sobre un magma de ruido viscoso. El cuatro de Mark Rothko (previamente digitalizado y con glitch) que sirve de portada, funciona para delimitar los fluidos sonoros abstractos que emite la banda, por los que se cuelan ruidos de naturaleza que grabaron en una zona rural del estado de Washington antes de meterse en el estudio. Como recuerda Wood en una entrevista para The Wire “Es precioso, pero extrañamente opresivo. La mayor parte del tiempo estaba completamente en silencio, solo se oía el sonido de nuestros pasos. Pero, de vez en cuando, escuchábamos un rugido sobrenatural y pensábamos: ¿qué demonios es eso? Stephen y Greg se criaron allí, pero tampoco lo reconocían. ¿Estaremos a punto de, ya sabes, ser atacados por extraterrestres?”.
La difícil tarea de atender a los sonidos de la naturaleza y mezclarlos con el doom metal recuerda a los primeros Black Sabbath, y “Does Anyone hear Like This?”, apela a esa conciencia de escucha profunda, y a los entramados libérrimos del free jazz. En “Butch’s Guns” (referencia al nombre de la armería donde Dylan Carlson, líder de Earth, compró el arma con la que se suicidó Kurt Cobain) los drones de repente se paran para dar paso al sonido del fluir del agua de un río, y las texturas recuerdan a la banda amiga Earth. Estamos ante un disco magnífico de unos maestros del ruido en constante mutación sonora.















