Siempre es una mala noticia cuando un grupo tan bueno como Ambros Chapel decide separarse. Esperemos que sea una decisión temporal, un parón para recuperar fuerzas y seguir, pero todo parece indicar que no. Más doloroso es que lo hagan publicando un álbum como Nightfall (7 Days Music, 2026) que les muestra en un momento creativo aparentemente muy bueno. Pero bueno, no sabemos lo que ocurre o ha ocurrido entre bambalinas, aunque cuatro años de silencio desde su anterior trabajo hacen pensar en las dificultades de llevar adelante un proyecto de este tipo, rayando en la independencia. Así pues, tendremos que limitarnos a analizar este regalo de despedida que nos deja la banda valenciana.
El disco se abre con “Disclosure”, una canción digna de figurar entre lo mejor de su repertorio. Uno de esos temas épicos, oscuros y emotivos que son casi una marca registrada de la casa. La sección rítmica, las guitarras y los sintetizadores combinan a la perfección. No podía ser menos después de tantos años juntos y conocerse de memoria unos a otros. Nosotros también nos sabemos todos sus trucos, pero siguen impresionando y resultando efectivos. Un etéreo y eficaz homenaje a su propia carrera.
Y es que eso es Nightfall. No sé si ya tenían decidido separarse antes de entrar a grabarlo, pero suena como si hubiesen querido resumir su trayectoria en un puñado de canciones nuevas. Los pegadizos riffs de siempre, sean de guitarra (“Pretention”) o teclados (“Don’t let it go”), nos recuerdan que estamos en terreno conocido y apreciado. Su música sigue anclada en ese post punk oscuro y atmosférico de los 80, pero cuando se ponen sensibles y vaporosos, como en la casi acústica “Paralyzed”, “1985” o la maravillosa “Grounded”, nos recuerdan a los grupos más sofisticados de aquella década, desde Lloyd Cole con sus Commotions hasta Prefab Sprout pasando por China Crisis o incluso Blue Nile. Quizás porque ya sabemos cómo acaba la historia, estas canciones suenan más melancólicas que nunca.
Como suele decirse, es una pena que este disco y un servidor no nos hubiésemos conocido en otras circunstancias. Al menos es una despedida (insisto, espero que sea temporal) por todo lo alto. Quienes no conozcan al grupo tienen aquí una excelente puerta de entrada a su universo para, desde aquí, ir explorando sus anteriores trabajos. A quienes ya éramos seguidores no nos queda otra que lamernos las heridas mientras escuchamos este exquisito y emocionante testamento musical.

















