La música de Alejandra Ghersi es como la de un ente mutante, multiforme y visceral. Cuesta definir el caudal de sensaciones que emana de unos sonidos poseídos por beats lacerantes, en donde parece que se pueda escuchar cómo su cuerpo es un receptorio en el que rebotan los sonidos y lo hacen temblar.
Arca comentó en una entrevista que le fascina de qué manera la música es capaz de crear oleadas de energía y excitación; liberación y disonancia; la comunión entre cuerpos que son cajas de resonancia y la violencia que ejerce el baile a nuestros cuerpos, y que sirve de válvula de escape para el anodino día a día. Los proyectos de la artista venezolana son de extrema fisicidad, ya sea una sesión de DJ, como una mixtape, o un concierto en donde ella se retuerce en el escenario para mostrar los contornos de su cuerpo siempre en tensión.
En los últimos tiempos su figura la podemos encontrar colaborando con gente tan dispar como Kelela, Frank Ocean, Björk, FKA twigs o aquel desparrame de texturas que fue el Yeezus de Kanye West en donde tuvo un papel importante. Además de todo esto, la mismísima Madonna ha contado con ella en su gira mundial así como en la producción de Confessions II.
La confección de este XXXXX (XL Recordings, 2026) pasa por momentos de -como hemos descrito más arriba- mucho ajetreo a nivel laboral, pero también mucha tristeza al comprobar que el odio hacia el cuerpo disidente es la diana para un sistema capitalista que es capaz de rentabilizar lo “raro y espeluznante”, pero también de desecharlo por inservible. Arca comenta que hacer música le funciona para reparar las heridas, y ha sabido gestionar sus emociones, así como sus impulsos artísticos -la pentalogía que compone Kick es un abismo en sí mismo- que la dejaban exhausta.
La portada del disco es tan hermosa como simbólica. La poesía de la carne y el metal. La simbiosis perfecta para definir una música sensual, crepitante y, a ratos, difícil de digerir. Como si estuviéramos invitados a entrar en un videojuego en donde nuestros cuerpos estuvieran sometidos a vigilancia, en estos surcos hay espacio para la salvación, para la redención en comunidad, el amor, y siempre, siempre la disidencia.
Estamos, pues, ante un experimento sonoro que parte de la idea de mixtape en el que el ensayo-error es su modus operandi, collages sonoros en los que pudiera haber cabida a todo lo que se le pasara por la cabeza con una intención estética cyberpunk. Después nuestra protagonista se encontró con su “yo” llamado Diva Experimental, y planificó otros contextos alternativos susceptibles de ser repositorios del caos y la rabia almacenada todo este tiempo. Aquí encontramos un alambicado viaje por música que se expresa a través del ruido y los glitches; los guiños a Aphex Twin y a William Basinski; el reggaetón deconstruido y la disonancia; loops repetitivos y quebradizos y odas al maximalismo. Arca es única. Ella es el punk del s.XXI.




















