En la música occidental – y circunscribirse a la música popular es a lo que más estamos más acostumbrados- estamos familiarizados a una tímbrica, unas armonías, unas texturas o unos compases muy determinados que, con el tiempo, ha colonizado nuestra forma de escuchar música. Un caso especialmente raro es el grupo de Baltimore Horse Lords, que desde hace unos años ponen en jaque el sistema social establecido -desde un paradigma más experimental- que ha perpetuado esta armonía que es muy reconocible para los oídos no excesivamente avezados en experimentación sonora. Ellos subvierten esto mediante una afinación diferente -apoyándose en relacionar la altura tonal a través de la idea del timbre- que acaba convirtiéndose en una música que tanto puede resultar, para algunos, excesivamente fría o doctrinaria, o para otros, una forma excelente de poner al oyente en un plano de escucha diferente.
Demand To Be Taken To Heaven Alive! (Rvng Intl, 2026) supone un nuevo avance en la embriagadora maquinaria sonora de Max Eilbacher (bajo y arreglos computerizados), Andrew Bernstein (saxo, percusión y también computadoras), Sam Haberman (batería) y Owen Gardner (percusión guitarra) para sabotear la percepción del tiempo y el espacio en la música. Las composiciones son como esculturas en tres dimensiones, en donde se pueden escuchar ciclos repetitivos que navegan en bucle, tonos que parecen escondidos en alguna parte del instrumento, audacia textural, polirritmia, y en definitiva, unos paisajes sonoros que tanto se nutren de la deuda contraída con el motorik, como del minimalismo de Terry Riley o Arnold Dreyblatt -juntos, con este último, registraron el no menos excelente FRKWYS Vol. 18: Extended Field, un episodio más de las uniones entre artistas que promueve el sello Rvng Intl– y sin olvidar la música techno.
Las canciones parecen que se queden inconclusas, así uno tiene la sensación de que son piezas que pudieran ser reinterpretadas mediante nuevos juegos sonoros. La inicial “Eureka 378-B” con las voces de Nina Guo y Evelyn Saylor pasadas por el Auto-tune son tan solo unos segundos, porque la siguiente “Brain On The Firm” es una ondulante muestra de motorik con, de nuevo, las voces de las artistas invitadas que se despliegan en un loop constante acompañadas por líneas de sintetizador convulsas. Las piezas breves (apenas segundos duran las tres partes de “Rotation”), están ensambladas en otras más largas en una secuenciación perfecta. “First Galactic Utopia” propicia a que suenen los sintes y la síncopa perfecta de la batería, en algo que podría ser perfectamente algún experimento de math rock con cierto halo de psicodelia; esa impetuosidad de llevar los ritmos siempre propulsados hacia adelante potencia la plasticidad de “Before The Law” con un trabajo notable de Bernstein a los vientos diseñando a un mantra de impredecibles escapadas de tono; y para el final “Demand To Be Taken To Heaven Alive!” es una epopeya milimétrica a base de poliritmos de raíz africana, y en donde aparecen ecos del E2-E4 de Manuel Göttsching, un disco de referencia para los posteriores reyes del techno de Detroit.














