Siempre he sentido una simpatía especial por aquellas bandas a las que, de manera descarada, la prensa más sesuda o con marchamo intelectual daba la espalda. Qué duda cabe que una de ellas es Placebo. Mientras que artistas de la talle de David Bowie se deshacían en elogios cuando emergieron, era flagrante –por lo que sea- cómo eran despreciados o ignorados por las publicaciones más snob. Cosas.
Afortunadamente, el público, ése que pone las cosas en su sitio para bien o para mal, no ha perdido ni un atisbo de su pasión devota por la banda que supuso todo un revulsivo en la era en que el brit pop ad hoc colmaba todas las portadas allá a mitad de los 90.
En esta ocasión, Placebo, desde hace muchos años convertidos en la dupla compuesta por Brian Molko y Stefan Olsdal exclusivamente, giraban para celebrar sus treinta años de vida y dar lustre a las canciones de sus dos primeros trabajos, aquellos que más diferencia han marcado y que son, sin atisbo de duda, los que forjaron una carrera del todo apasionante.
Es de justicia decir, particularmente, que, pese a haber mantenido un nivel ciertamente respetable a lo largo de todos estos años, mi interés discográfico por ellos ha ido decreciendo de manera considerable, en especial a partir de Battle for the sun (09). De igual manera debo decir que, hasta la pasada noche del jueves en Madrid, no había conseguido disfrutar hasta el momento de un concierto de Placebo a la altura de sus grandes conquistas en estudio.
Pero retrotraernos a su debut homónimo de 1996 y al sacrosanto Without you i’m nothing (98) son palabras mayores y era lógico que el Movistar Arena rozara un lleno para comprobar de primera mano, tal y como rezaba el mensaje plasmado en el telón que cubría a la banda desde el escenario tras presenciar un espectacular vídeo resumen de las andanzas del combo durante estas tres décadas: “El pasado es presente”.
Fueron los primeros acordes mecanizados de “Pure Morning” los que sirvieron de arranque a un show en el que tanto público como músicos estuvieron rendidos en entrega desde el primer minuto. Desde la primera fila de grada donde presencié la velada, debo decir que el sonido fue completamente satisfactorio, nítido a la par que robusto y con el punto justo de saturación que demandaban estas canciones primerizas henchidas de todos los vicios y virtudes de esa adolescencia y primera juventud que nos han recorrido el cuerpo hasta construir lo que somos a día de hoy. Algunas voces, al abandonar el recinto, me comentaron que no tuvieron un sonido a la altura, supongo que dependería mucho de la ubicación, como suele ocurrir en recintos de las características del estadio.

El primer momento en el que un escalofrío recorrió mi cuerpo e inevitablemente afloraron algunas lágrimas al abrigo de la oscuridad y de la memoria desatada, fue con la urgencia inmortal de “Come home”, el tema que abría con todas las entrañas hacia fuera su debut, disco que, afirmo, no creo que envidie tanto como se suele considerar a su sucesor, si bien no considero que sea necesario mencionar el viaje a las tierras de la tristeza, la añoranza, la pérdida y la consagración a sentir la vida sin capas de nadería que supone Without you I’m nothing (98),inteligentemente entreveradas con las de su ópera prima. De esta manera, volvimos a sentir el latigazo de la rabiosamente púber “Teenage Angst” y una colosal “Bionic”, otro de los momentos más emocionantes de la noche para quien les escribe, antes de que la banda hiciera apología del destierro de los móviles a la hora de sentir un concierto, comentando muy apropiadamente que, de hecho, no existían en 1996, año al que se rendía culto esa noche.
Fue entonces cuando el solemne monumento hecho canción doliente que es “Without you i’m nothing” volvió a sonar con el dramatismo acostumbrado, dejándonos con un nudo en la garganta. Trepidante resultó su encadenado con “Allergic (to Thoughts of Mother Earth)”, tras el que gozamos la versión ralentizada de “36 Degrees”, incluida en esa re-imaginación de su debut publicada este mismo año, Placebo RE:CREATED (26).
Tiempo para rescates tan apetecibles como “I know”, otra canción colosal que desempolvar de nuestro baúl sentimental con desarmante resultado. Tiempo después para el más furioso y contundente binomio, compuesto por las crispadísimas “Brick Shithouse” y “Scared of Girls”. Destacar que fue muy inteligente también la composición del set list, con Placebo haciendo lo que querían con nuestro estado ventricular, pasando de momentos tan furiosos como el mencionado a la calma más abisal de la mano de la dupla conformada por la hermosa “My sweet prince” y la belleza más a flor de piel con una inflamadísima “Lady of the flowers”, otro de los momentos más inolvidables de la noche.
La banda, insultantemente joven tanto en aspecto como en ejecución, presentaron en ese momento un nuevo single, “HELEN KELLER”, que en semejante contexto podemos afirmar que cumplió su cometido insuflada del brío y estado mental tráncico en el que nos encontrábamos los fans. Mencionar también a una muy solventa banda de apoyo, aportando matices de sutileza a través de teclados o violín, o bien de músculo a la segunda guitarra cuando fuera menester. Guardaron dos cartuchos de peso para el final del grueso del show con una celebradísima y excepcionalmente pesada “Bruise pristine” antes de atacar su archiconocido “Nancy boy”, canción que dio a conocer a la banda y que, particularmente, nunca me ha dicho mucho.
Los bises reservaron un hit superlativo que sonó tremendamente desatado y fue celebrado por todo lo alto,“Every you every me”, dejándose en el tintero algunas canciones que me hubiera resultado del todo conmovedor haber disfrutado esa noche: “Ask for answers”, “Summer’s gone” y “Burguer Queen” en concreto para mi persona. No me quiero ni imaginar en su actual y formidable estado de forma cómo hubieran llegado a conmover y sonar.
El final, no obstante, quizá no estuvo a la altura de todo lo vivido al concatenar un par de versiones que no me entusiasman especialmente; una correcta revisión del “I feel you” de Depeche Mode y su celebérrima versión de Kate Bush. “Running Up That Hill (A Deal With God)”. Inolvidable por siempre.
Fotos Placebo: Eddie Peters (Movistar Arena)

















