LEM. Elogio de un festival que une vanguardia y popularidad

La octava edición del festival LEM puso fin a sus “Lateralidades, Efervescencias y Magnetismos” (las siglas significan algo diferente cada año) de una manera que pasará a la pequeña historia de la música barcelonesa y catalana. En un entrañable garaje, con pupilaje para un solo coche y, en la noche del 16 de octubre, también para los adictos a la música más divertida e intensa que se hace hoy en Europa, se dieron cita el noise de Ranma ½, la electrónica planeadora de Mira Calix, la coña marinera de Le Petit Ramon & Les Filles del Dolor, la genialidad absoluta de Cristian Vogel y, finalmente, el apocalíptico muro de sonido de la mano de DJ Fish’n Fish y Das Gummi. Culminaba, así, más de un mes de interesantísimos conciertos.

Decir que el evento de este año pasará a la historia no es nada descabellado, pese a que en el LEM siempre suceden cosas impresionantes. La ultima noche evidenció la solidez de la propuesta, por lo humano del acto, por el excepcional trabajo videográfico del colectivo Rotok, y por la transgresión que suponía estar en el último lugar en el que, en la amanerada Barcelona, se podía imaginar un concierto. La sensación de que, en el LEM, y en su fiesta de clausura, se congregaron los auténticos aficionados a la música electrónica (unos cien o doscientos) era real. La misma gente que huye de la pátina superficial que rodea a todo lo que aparentemente se asocia a electrónica. Porque la base del LEM es la información y para asistir a este festival hace falta tener interés por la cultura.

La gratuidad del acto, por contraposición al magno negocio que acompaña a otros festivales, añade valor a un concepto, el de la cultura popular, siempre en desuso. El caso es que el LEM conecta mundos aparentemente opuestos: el de lo experimental, un ámbito injustamente asociado a elitismo, con el de lo popular, concepto inherente al barrio de Gracia, en el que hasta hace pocos años todavía existían establos en los que se ordeñaban vacas a pie de calle. El LEM reclama para sí un fuerte apego hacia este estilo, en el que prima lo pequeño y lo humano. Y asocia este concepto público, informativo y formativo, con la más radical experimentación musical. Ningún concierto del LEM halla acomodo en los estilos más convencionales. Y sin embargo, la afabilidad del ambiente y la cercanía del evento ayudan a digerir mucho mejor algunos conciertos de incómoda audición.

Es un festival que dura más un mes, que se mueve de sitio. Que obliga al aficionado a coger un callejero para descubrir las inusitadas salas de conciertos. El LEM no es un festival para vagos, sino que reclama culos inquietos, que se molesten en desplazarse hasta Institutos de Educación Secundaria para asistir a interesantes experiencias con el ruido (Francisco López puede producir mareo físico). Audiciones en mediatecas de fundaciones bancarias (embriagador David Shea junto a la Orquestra de Cambra Vila de Graciay su homenaje al cineasta Jean-Luc Godard), en pomposos emblemas turísticos (Maja Ratjke y Heidrun Schramm en La Pedrera), sedes de distrito, oscuros bares y, finalmente, garajes de coches. Un festival que se mueve como pez en el agua entre conceptos aparentemente opuestos, en suma. Un festival cosmopolita y popular, moderno y tradicional que, sin hacer ruido, con poca publicidad, ya ha cumplido ocho años. Simplemente recabando apoyos, entre diferentes actores públicos y entre algunos de los más reputados medios de comunicación musicales (Mondosonoro, The Wire). Y siempre apostando por Internet, herramienta más útil que nunca este año gracias al streaming, una revolucionaria técnica que ha permitido que 10 000 personas se conectasen simultaneamente, para seguir los conciertos.

Internacionalmente reconocido, esperemos que jamás cambie de filosofía y siga dando ejemplo, imbuyéndose todavía más en las demandas de los aficionados a la música, hartos de amaneramientos y convencionalismos. “Queremos que el LEM exprese amor universal, en tiempos de odio” sentencia su ideólogo Víctor Nubla, infatigable en su labor de promoción de la vanguardia musical popular, desde el barrio de Gracia.

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