Dentro del universo post-metal, pocas bandas gozan del reconocimiento e importancia que atesoran Russian Circles. Los de Chicago regresan este año con Nine (26), su noveno disco. Menos mal que, a diferencia de lo que ocurre con el título elegido para su nuevo trabajo, supone importantes avances y novedades en su ADN musical.
Es cierto que la banda suele realizar exhibiciones instrumentales modélicas a lo largo de su discografía, pero no menos verdad es el hecho de que sus obras adolecen de cierto cariz monolítico que pudiera resultar algo monótono para los menos avezados en estas lides.
Pues bien, con Nine (26) esta dinámica quizá se rompa más que nunca. Sin duda su personalidad pétrea y compacta sigue reinando, pero existen determinados aportes que hacen de este largo uno de los más fluidos, si no el más, de su carrera.
Tras la ortodoxa “Borehole”, encargada de abrir el lote, nos damos de bruces con una auténtica catedral con forma de canción. “Empath” irrumpe con violencia a través de un riff henchido de distorsión descomunal, influido por las sonoridades black-metal y que, gracias a su dinámico desarrollo, termina en territorios sludge más afines a las señas de identidad reconocibles de Russian Circles.
Como comentaba, este disco parece querer romper con la regia disciplina estilística del combo y es con la brumosa atmósfera de “Eluvial” inicialmente y con “E2” después como consiguen hacerlo. Un acierto completo la inclusión de elementos electrónicos, con un sinuoso uso de sintetizadores en la primera y con un hipodérmico latido industrial en la segunda.
Tras la discreta “Meridian”, el interludio acústico de “Arletta” nos prepara para el mejor momento de Nine (26), su apoteósico colofón con “Seventh Seal”, posiblemente entre lo más pesado que nunca hayan creado, arrasador broche que completa un disco que sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que es lo mejor de Russian Circles desde el fastuoso Memorial (13).
Escucha Russian Circles. Nine
















