Tradicional Preferente es un animal de escenario parido en la CDMX, un ensamble que mezcla sudor, rito y provocación, guiado por la voz bajo-barítono de Blazko Scaniglia, que no canta: invoca. Desde los días raros de la pandemia, cuando el mundo estaba encerrado y la música tenía que pelear por sobrevivir, la banda empezó a soltar sencillos como bengalas en la oscuridad.
Ahora regresan con Fusión Pagana, disco grabado entre templos modernos del sonido (Unísono, Romaphonic y Sony Music México) que suena a ceremonia nocturna, a fiesta profana entre lo ancestral y lo contemporáneo.
El primer adelanto, “Sexo Satánico”, fue un guiño lascivo a la libertad sexual y al México cincuentero del cha-cha-chá y el mambo. Un himno que se baila y se ríe de todo; algo que nos deja claro que aquí la música sigue siendo un acto de placer y desafío.
Charlamos con el líder de este ensamble, Blazko Scaniglia, para que nos explique qué contiene su disco Fusión Pagana.
«Yo diría que el espíritu está entre Kusturica, un poco de los Cadillacs y mucho de Tradicional Preferente»
¿Qué sucedió con este disco? Se suponía que salía el 30 de noviembre del año pasado, ¿qué pasó con “Fusión Pagana”?
Ya sabes cómo son los gajes del oficio en esta carrera. Algunos masters tuvieron que revisarse de nuevo y, además, decidí incluir al final un tema muy importante que grabamos en Sony Music. La verdad es que ese fue el que más tiempo tomó en revisarse. Preferimos tomarnos ese tiempo extra para asegurarnos de que los masters tengan la mejor calidad posible y que el material salga como realmente queremos que suene. El disco se titula “Fusión Pagana” y, en su mayoría, son canciones inéditas. Hay temas y versiones que ya se conocen.
Una de ellas es «Canción De Las Simples Cosas«, que ya pueden escuchar en YouTube. La grabamos con Aixa Barco, cantante argentina de ‘dark cabaret’. Es una canción de Armando Tejada Gómez y César Isella, un verdadero hito sudamericano. La popularizó Mercedes Sosa, luego Chavela Vargas hizo una versión increíble. Son piezas que me llegaron por herencia, a través de generaciones de bohemia, de amigos más grandes que yo, ese geriátrico psicodélico bohemio, me la van a mentar por decirlo así, pero bueno. También incluimos una nueva versión de un tema mío, originalmente titulado «Sabor Mediterráneo«, ahora grabado en estudios con mucha mejor calidad.
El disco se grabó en el estudio de Gustavo Cerati, ¿Es verdad?
Este tema se grabó en el estudio de Cerati, que se llama Unísono. En esta versión se titula “Sabor Sudamericano”. En el primer disco aparecía como “Sabor Mediterráneo”, pero para este segundo trabajo decidimos resignificarlo. Así funciona un poco el espíritu del proyecto: al país al que vamos, nos acoplamos. Este tema, que es completamente mío, tiene además un guiño, un pequeño tributo a Los Fabulosos Cadillacs.
Todavía no salía el disco y ya tuviste que lidiar con la censura.
Un tema importante del disco; el primero que saqué y que fue censurado en Buenos Aires, bueno, en Argentina en general. Se titula “En El Más Allá” y es una tropicalización de una canción original de Squirrel Nut Zippers. Es una banda de jazz swing de los noventa, muy marcada por esa estética retro, medio decadente, medio cabaretera. Lo que hice fue llevar esa pieza a otro clima, a otro cuerpo rítmico, más sudamericano, más sucio, más mío. Y claro, eso no le gustó a todo el mundo. Cuando grabamos el disco en Argentina, porque este álbum se grabó en formato “live sesión”, dos o tres tomas máximo, y la mejor es la que se queda, terminó sobreviviendo la toma en la que se la dedico a Javier Milei. Justo estaba pasando todo esto de los recortes, el tema de las pensiones, la represión contra los adultos mayores, la actividad más turbia.
Si tuvieras que describir el paisaje emocional del álbum, ¿qué se encuentra quien entra en él?
Eso está muy bueno, porque en realidad el disco es un conjunto de paisajes sonoros. Arranca, incluso podría decirte, con una invitación poética a reconocer la música mestiza desde la colonización. Empezamos con una sátira sacra total y, de repente, pum: entra una jarana veracruzana. Chínguele, chínguele, chínguele. Sales de una pinche catedral para encontrarte con esta fusión brutal entre España y México. Ahí aparecen los concheros, el fandango, los bailes folclóricos, la tierra vibrando debajo de los pies. Luego entramos a otro paisaje completamente distinto: una playa. No hablo necesariamente del orden de las canciones, pero sí del clima. Una playa al atardecer, un poco más fresona. Y entonces te transportamos. En un jet privado medio destartalado, bueno, no exageremos; es en primera clase de “Aerolínea Tradicional Preferente”. El viaje es ese: pasas de lo ritual a lo sensual, de lo colectivo a lo íntimo, de la catedral a la fogata en medio de la ciudad. Y aterrizas en una playa bellísima de las que tenemos al sur, en Oaxaca. Esas playas que están muy de moda y gentrificándose poco a poco y no tan poco.
El disco, el ensamble tienen un sello muy claro, hay un espíritu “cadillactero”, pero también deja ver influencias más underground, más finas y de culto. ¿Qué referencias conviven realmente en el ADN de Fusión Pagana?
Yo diría que el espíritu está entre Kusturica, un poco de los Cadillacs y mucho de Tradicional Preferente, con un guiño constante al vampirismo tropical.
El sencillo se titula “Sexo Satánico”, un nombre que inevitablemente provoca. ¿La intención fue confrontar directamente las “buenas costumbres”, incomodar ciertos discursos morales, o simplemente nombrar sin filtros algo que siempre ha estado ahí pero que pocos se atreven a decir en voz alta?
El gran sencillo es “Sexo Satánico”. Y hay que decirlo desde el principio: esto es cien por ciento consensuado y, además, una gran oda. Es totalmente legal, pero sobre todo es una oda a la libertad sexual. Lo irónico es que también habla de cómo se relacionan hoy los individuos a través de aplicaciones, de cómo se construyen los vínculos, o se simulan, en esta época.
¿Es una fantasía sexual?
Es una fantasía sexual, sí, pero muchas veces esa fantasía se queda justo ahí: en la cabeza. No se concreta en la vida real, se queda flotando en la imaginación, en esos huecos mentales, en esos gaps que deja la modernidad. Y con todo lo que estamos viviendo ahora… es brutal. Te venden el deseo empaquetado, te venden el contacto reducido a sexting, como si eso fuera suficiente.
¿Qué verdades incómodas quisieron explorar esta vez, sabiendo incluso que podían incomodar hasta a su propio público?
Yo siempre lo hago. Soy un ente provocador desde las primeras bandas en las que tuve injerencia y liderazgo: cantando, escribiendo letras, componiendo. Siempre ha existido una actitud contestataria, incluso en la forma de arreglar, de instrumentar, hablando ya de lo musical.
¿Qué les gustaría que el público se lleve después de escuchar el disco completo?
Este disco tiene jolgorio, tiene más fiesta y mucha elocuencia rítmica. No hay un solo track en el que no sientas el latido de querer mover el cuerpo. Es un álbum con mucha diversidad. Mantiene el sello que caracteriza todo lo que produzco, pero con una variedad de ritmos y sonidos que te ponen a bailar y a gozar. La pregunta clave sería: ¿hasta dónde abro el abanico de posibilidades para que esta música llegue a todo el mundo? Es un ensamble internacional que busca conectar con todas las culturas y edades.




















