Sobre el japones Cornelius -nombre artístico que se esconde Keigo Oyamada– se podría decir que ha tenido una singladura bastante guadianesca. Se lo toma con calma para publicar discos, pero cuando lo hace le salen bastante notables. Además le da a diferentes palos: el más conocido, Fanta (1997), deslumbraba con tonadas pop con mucho sampler, Mellow Waves (2017) -su mejor disco para quien esto firma- es un mayúsculo ejercicio de sophistipop, y Ethereal Essence (2024) era su último disco hasta la fecha, en donde recopila piezas compuestas para un complejo cultural instalado en Shibuya, y en donde rendía tributo, en el título, a su admirado Vini Reilly en un disco de repleto de ambient y expeditivos ejercicios de guitarra. .
Para la elaboración de su último disco nuestro artista quería dejar participar a más gente con la intención de interactuar con ellos. El resultado no ha podido salir mejor. Después de una intro, con protagonismo del piano, que da título al disco y con reminiscencias a Sakamoto, entra en avalancha “Mazaranai”, un largo desarrollo de City pop con líneas de sintetizador robustas y cajas de ritmos que invitan al baile. La primera colaboración aparece en “You Make Me Cyborg», cantada por Bid de The Monochrome Set, y esta vez el pop bascula hacia ritmos postpunk dejando evidente lo anteriormente dicho de que este sería un trabajo en el que dirimir influencias.
Más alineado con la estética de Cornelius es “Aeons”, una melodía de soft pop con la voz de Sean Ono Lennon, mientras que la partitura más larga llega con “Mirrors”, un entramado de pop mutante que a ratos recuerda a los Talking Heads, en otros a la onda de grupos new wave o al kraut, pero todo con mucho brío y descaro. Más de ocho minutos de cadencias metronómicas que son una pura delicia. Arto Lindsay toca la guitarra en la delicada “Bad Advice”, y nos hace recordar a su anterior banda, los Ambitious Lovers.
En la parte final nos deleita con los ritmos bossa nova deconstruidos de “Yumenemi”, o algo parecido a que Caetano Veloso se lanzara a grabar en japonés acompañado de ruiditos y una sinfónica detrás; “Twisting & Glistering” es otra andanada de pop maquínico con un estribillo a la carrera, y “Dissolving Line” tiene ecos a los sonidos sophistipop aéreos que Cornelius domina a la perfección. Ojalá que esté disco no pase tan discretamente como todos los demás de su autor. Magisterio pop en toda regla.





















