Particularmente y con el permiso de Nada Surf, Teenage Fanclub me parece la banda con más capacidad para hacer canciones con las melodías más maravillosas que pudieran imaginarse (vale, con The Jayhawks también). De acuerdo, es solamente una opinión personal, pero quizá les parezca reforzada si unimos la de un tal Kurt Cobain que llegó a definirles como la mejor banda del mundo.
Tocaba disfrutarlas una vez más en vivo y la excusa era la presentación de su nuevo trabajo, Do Not Dare to Dream (26), un disco endeble y autocomplaciente se mire como se mire. Casual o no, es necesario señalar que el bajón de los escoceses coincide con la salida del combo por parte de Gerard Love, uno de los tres compositores clásicos de la formación. Así, su último momento rescatable en estudio se remonta desde mi punto de vista a Here (16).
No es de extrañar, por tanto, que cuando la pasada noche del jueves en Madrid asomaban algunas de sus últimas composiciones como “Tomorrow people” o “Day in the sun” la cosa desfalleciera considerablemente, pero no menos verdad es que faltaron muy pocos compases de la noche para que la aparición de clásicos imperiales como la concatenación de “About you” y “It’s all in my mind” rindieran por completo a una nutridísima sala Wagon a las virtudes del quinteto protagonista de la velada. A la altura de la dupla consecutiva de rescates pertenecientes a la que para mí es su obra cumbre, Songs From Northern Britain (97), con “I don’t want control of you” y “It’s a bad world”, la audiencia y los músicos gozaban ya de una perfecta sincronía emocional.
Acompañados por una base rítmica y teclista del todo solventes y eficaces, un entusiasta Norman Blake junto a un -quizá más discreto, pero tremendamente transmisor- Raymond McGinley (maravillosa su conmovedora interpretación de “My uptight life, el momento más hermoso para quien les escribe junto a “Mellow doubt”), vertebraron un celebrado concierto, culminado con un acertadísimo bis tras la inevitable y coreada “The Concept”, compuesto por la sorpresiva inclusión de “Neil Jung”, con divertido olvido de letra puntual por parte de Norman, la nerviosa y eléctrica defensa de “Can’t feel my soul” por parte de Raymond y la intensa tormenta controlada final con “Everything flows”. Leyendas incontestables.
Foto Teenage Fanclub: Raúl del Olmo

















