Air – La Riviera (Madrid)

“Es un disco para escuchar en casa, a solas”. Así han definido Air su último trabajo, “10.000 Hz Legend” y lo cierto es que casi toda la música del dúo francés se limita a ambientes muy concretos como tu habitación o tu sofá favorito. Entonces ¿cómo es que colgaron el cartel de “Completo” en La Riviera el pasado 11 de noviembre? Curiosidad. La curiosidad de un público devoto de las melodías etéreas y relajantes que nunca se creyó del todo eso se pudiese plasmar en un escenario.


El reto era complejo: es materialmente imposible trasladar al directo todos los matices de algunas canciones (diez teclistas, más de dos baterías, una sección de viento completa…) y hay que presentar unas propuesta muy concreta. Lo que pasa es que en este caso la propuesta era el tenebrismo del último disco. Se olvidaron por completo del ambient hipnótico y setentero del “Premiers Symptomes” y de la fusión del chill-out con el pop de “Moon Safari”, centrándose en esos ejercicios de electrónica oscura del último disco y de la no menos oscura B.S.O. de “Las Vírgenes Suicidas”

Así, empezaron con “Electronic Performers”, tal vez la mejor del nuevo repertorio, con un Nicolas Godin proclamando a voz en grito aquello de “Somos electrónicos” (como se enteren los robots de Daft Punk), mientras Jean Benoit Dunckel controlaba los loops ataviado con una infame capa del conde Drácula (muy poca clase). Y así, fueron cayendo, una tras otra, las canciones del “10.000 Hz Legend”, todas pasadas por un filtro guitarrero muy a lo Pink Floyd y demás dinosaurios de los 70, ayudados de un trío de virtuosos jovencitos anglosajones a la guitarra, batería y bases rítmicas.


El primer recordatorio fue para “Playground Love”, al que siguió más tarde la versión de “Highschool Lover”, bastante buenas las dos. Ya creíamos que nos íbamos a ir a casa sin “Moon Safari” ni nada por el estilo cuando empezó a sonar “Kelly watch the stars”, muy muy lenta y, a continuación, “La femme d’argent”, más corta, menos densa y, como no, más siniestra. Y esta también fue la tónica para las canciones antiguas: el mismo buen rollo, sí, pero algo se perdía por el camino. Tampoco hubo oportunidades para recuperar aquellas primeras canciones; sólo “J’ai dormi sous l’eau”.

A lo largo del concierto comenzaron en un par de ocasiones “Sexy Boy” para luego cortarla, como si se tratase de un despiste del setlist. Jugada estudiada. La canción en cuestión la guardaron para la despedida y aquí si que los ritmos lentos se hicieron leeeeeeeeeentos de verdad. Era una apuesta arriesgada, sí, pero tampoco había que dramatizar. Si Air pretendía dar miedo a alguien (ahora entiendo lo de la capa de Drácula), creo que no lo consiguieron. Pero tampoco hay que quedarse en los detalles; Air son unos genios en esto del sonido y sus conciertos, toda una experiencia.

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