La muerte del padre de Alison Cotton es uno -por no decir el principal- eje que vertebra su nuevo disco. Su progenitor le insto a que estudiara solfeo y aprendiera a tocar la viola (instrumento que es esencial en el aprendizaje musical de su admirado John Cale), y a él le dedica el bello título de su tercer disco en solitario, The Gods Laugh (Tak:til, 2026).
La compositora nacida en Sunderland (Reino Unido) tiene una trayectoria larga y muy heterogénea: primero compuso arreglos de cuerda para la banda British Air Powers mientras estudiaba, para después formar parte de grupos como Saloon, probar con el folk en The Eighteenth Day Of May, y formar junto a Mark Nicholas -su actual productor y pareja- The Left Outsides, una estupenda aleación de pop, folk y psicodelia campestre.
Con el paso del tiempo, Cotton ha pasado a ser una de las figuras de culto del folk británico underground, y con su nuevo disco corrobora su potencial para crear viñetas sonoras a través de una base drone a la que se le van añadiendo instrumentos como el armonio, piano, viola, melódica, y flauta entre otros que van perfilando intrincadas armonías muy arraigadas a la tierra, espaciosas, y con querencia a la improvisación.
La inicial “I Still Know You Are Calling My Name” es una preludio breve en donde el drone, la viola y el armonio subyugan ejecutando una hermosa melodía, para después dar paso a “I Am!” -versos del poeta victoriano John Clare-en la que el eco de Nico de The Marble Index lo invade todo de un tejido etéreo de sonidos crepusculares que crepitan sobre el rocoso manto que los acolcha. Unas texturas que invitan a una escucha sosegada para captar los matices de una narrativa que invoca a un pasado revisitado y propulsado hacia un futuro incierto.
La voz de nuestra mujer se abre paso -diáfana, siempre a disposición de la métrica del conjunto compositivo- sobre paisajes catedralicios en “What Were Those Words You Spoke to Me?”, y el recorrido del tema se adentra por espectrales parajes en donde fluye la improvisación con unos arreglos de percusión exquisitos, mientras Cotton va emitiendo sonidos con los que experimenta con su voz cuyas remembranzas a uno le lleva a pensar en Miranda Sex Garden. La estupenda y breve “The Last Harvest” es una canción inspirada en el recuerdo a su padre muerto: uno de los últimos vestigios de memoria de la figura paterna es el haberle dado unas verduras de su huerto. En “Sprigs Of Heather” su voz toma protagonismo en una tonada folk de cadencias más tradicionales, y la aspereza de “Round The Red Carpet” recupera las letanías de John Cale en el más que reivindicable Paris S’Eveille.














