Hay una revolución silenciosa que ocurre muy lejos de los estadios hiper iluminados y las secuencias pregrabadas. En una era definida por la inmediatez y la sobreproducción, el trío madrileño Mäbu ha elegido la resistencia de la artesanía desnuda. La banda transforma la austeridad en una virtud estética, demostrando que la madera de una acústica y la vulnerabilidad de una voz bastan para apagar el ruido moderno.
En Muzikalia conversamos con Maria Blanco (Voz) sobre el valor de la imperfección, el romanticismo de buscar escenarios con alma y por qué el verdadero triunfo de un artista radica en sobrevivir intacto a la maquinaria del éxito. Es un diálogo sobre regresar a lo fundamental, donde tocar para decenas de personas en recintos íntimos resulta mucho más trascendental que llenar grandes arenas vacías de espíritu y llenas de puro artificio.
«La validación externa a los artistas siempre ha sido un talón de Aquiles y yo quería huir de eso»
¿Qué significa para Mäbu volver a encontrarse con el público en esta etapa tan madura y libre de la banda?
Significa volver a retomar una ilusión que tuvimos hace muchos años, que es hacer un poco de carrera en México, como muchísimos compañeros que tenemos aquí en España. Para el músico español, la extensión a México es muy natural. Bueno, España es un país pequeño, pero todos los músicos tenemos la ilusión de saltar el charco y, en concreto, la plaza mexicana es un sueño siempre.
México ha sido un país importante para ustedes, con giras previas y una base de seguidores en crecimiento. ¿Qué tiene el público mexicano que ha conectado tan profundamente con la sensibilidad de Mäbu?
Yo he de decir que tengo una conexión con México peculiar porque mis papás se dedican a la música. Bueno, mi papá falleció, pero mi mamá sigue en activo en el mismo grupo. Estaban ellos dos. Lleva 50 años viajando a México. O sea, te imaginarás todas las influencias que yo he podido tener en mi casa de esa tierra, la cultura y de expresiones mexicanas. Y para mí viajar a México es emocionante y como muy natural porque mi mamá lo ha hecho toda su vida. No digo que sea mi segunda casa porque no he podido echar raíces ahí, pero presentarnos en México es honrar a mi familia también y nos encanta el público mexicano, nos encanta cómo acogen la música, la música española y en concreto cómo cogen la nuestra, creo que se entienden muy bien. Es volver a la ilusión de poder hacer carrera allí, de poder tener un espacio allí donde volver siempre que queramos, aunque sea a sitios más pequeños. No tiene por qué ser algo enorme, pero que también estamos doblemente agradecidos porque encima vamos de la mano de una marca de un festival muy importante aquí en España y bueno, es como una vuelta por todo lo grande, por todo lo alto, no se puede pedir más.
«El Sonido de Una Tierra Escondida» parece hablar de dualidades: tempestad y calma, electricidad y acústica, duelo y esperanza. ¿Qué emociones personales estaban atravesando mientras componían este disco?
Creo que mi tendencia a componer es hacer canciones muy melódicas, y yo creo que eso conecta mucho. Las melodías de las canciones, el pop es así, como más melodioso, es más fácil allí, creo. A ver, sí que es verdad que las canciones las compongo yo. La melodía, la letra y el concepto siempre nacen un poco de mi parte, porque este proyecto nació como una forma de darle vida a mis canciones. Con 20 años me puse a componer y quería ser cantante, pero quería ser cantante de mis propias historias. Entonces, todas las canciones que están en este disco han intentado representar fielmente unas sensaciones que ya son de una persona bastante más madura de cuando empecé. Hay resiliencia, hay mucha lucha, pero todo como con esa cosa de: mira, disfruta, aprecia y ama lo que ya tienes, lo que has conseguido y lo que tienes, y no pienses en lo que no tienes. Y eso, soltar un poco esas expectativas, hace a uno que se desnude de una manera muy honesta a la hora de hacer canciones. Entonces yo he sentido de todo. Este disco lleva todas mis lágrimas, todas mis risas, todas mis alegrías, porque es un disco que queríamos hacerlo desde lo más personal posible.
En tiempos donde todo parece inmediato y efímero, ustedes siguen defendiendo la filosofía del “menos es más”. ¿Es una postura artística, una forma de resistencia o ambas cosas?
Pero también en cuanto al sonido, porque nosotros somos una banda que somos el resultado de las carencias que hemos tenido porque no nos hemos podido permitir tener más músicos en la banda. Somos tres. No nos lo podemos permitir económicamente. ¿Por qué? Porque no funciona, no vamos a forzar la máquina. ¿Qué podemos hacer entre tres? ¿Cómo podemos hacer que entre tres el sonido de la banda sea característico? Es como: ¿Qué podemos hacer con tu refri? Ahora mismo tienes un limón, un pimiento y una sardina. Haz el pedazo de plato con eso. Haz la exquisitez con eso. Eso somos, hacer de la carencia algo bonito de escuchar, algo apreciable, algo interesante. Eso es lo que hay. Y con elementos muy básicos: guitarra, bajo, percusión y voz. No hay más. Entonces nosotros perseguimos esa esencia también a la hora de presentarnos en los shows. O sea, es bastante así, es bastante escueto, pero la manera que hemos tenido de currar, de trabajarlo… si te lo curras mucho, las cosas sencillas pueden sonar grandes. No necesitas mucha instrumentación. Nos hemos dado cuenta durante estos años de que no necesitas llevar cosas grabadas, meter muchísimos coros también grabados, por supuesto, para que suene grande o para emocionar. Yo creo mucho en que menos, es más. Creo, de verdad, cada vez más me confirma la vida que menos, es más. Y en la música, en nuestra banda en concreto, es algo que practicamos mucho. Menos, es más. Cuantas menos pistas le demos al de audio, le demos al mezclador, mejor. Es música en estado puro, música hecha por tres personas que la disfrutan, nada más.
Canciones como “El Dragón” hablan de familia, trabajo e ilusión. ¿Sienten que hoy el verdadero acto revolucionario es seguir creyendo en esos valores simples?
Es todo, sí, es todo. Son ambas cosas, son circunstancias también. Igual, si hace años nos pasa que pegamos el pelotazo y estamos disfrutando en sitios, ganando mucho dinero, no te estaría hablando así. Pero también es verdad que nuestras circunstancias me han hecho sentir que lo que tenemos es muy valioso para nosotros. No estoy hablando de lo de fuera. Lo de fuera no es lo de menos, lo de fuera no tiene que regir, no tiene que condicionarnos. En este disco es como una auto reivindicación, es como sentirte orgulloso de tu proyecto, independientemente de la validación externa. La validación externa a los artistas siempre ha sido un talón de Aquiles y yo quería huir de eso. Yo quería deshacerme de ese lastre de: “no importa nada”. Mira, para conciertos de nosotros se han vendido 10 tickets para un concierto nuestro. Hay conciertos más pequeños que hemos hecho en nuestra vida y me da igual. Vamos encantados. Es que, donde haya que tocar, no necesitamos ni siquiera un escenario. Es que la música… la gente solo ve lo grande de la música, pero el obrero de la música, el que está en los venues, donde hay en todos los lugares de cada ciudad un sitio, un sitio de trova, un sitio de mediano aforo, de un garito de rock. En todos los sitios hay un sitio así. Mäbu va a todos esos sitios. Es que no hemos conseguido que esto no dependa o que nuestra economía no dependa de Mäbu. No me estoy empeñando en que Mäbu sea el que me pague las facturas. Por eso se mantiene el alma artística de Mäbu, porque el proyecto va independiente al negocio.
Yo, si tengo que pagar por ver… no sé, ahora mismo, si tengo que pagar un ticket caro por ver a Jorge Drexler, por ejemplo, que me encanta, prefiero verle en un lugar con 20 personas que con 2,000. Yo quiero verle cómo respira. Yo quiero ver cómo coge la guitarra y se equivoca de repente. Porque no somos máquinas, porque es todo. No sé, yo busco eso, yo busco lo imperfecto y nosotros buscamos lo real. Y más ahora, más ahora nos encendemos más con eso que entra, que entra eso, la máquina, la inteligencia artificial, el engaño. No, alguien tiene que resistir ahí, alguien tiene que resistir. De repente ves entrevistas de grupos que dicen: “Ya no llevamos pregrabados, ahora vamos todo al natural”, no sé qué. Y entonces dices tú: vale, o sea, lo que hemos hecho toda la vida, todos. No en los que no, los que no estamos teniendo que tocar en sitios enormes. Claro, cuando tocas en sitios enormes necesitas sonar enorme y necesitas de esas herramientas, pregrabados, cosas que te apoyen en ese sonido para que pueda sonar grande y el que está en la última fila entienda lo que está sonando. Pero la resistencia, el otro lado de la música, también existe y es muy valioso. Y cuando a ti te gusta la música, o por ejemplo el fútbol… Si a ti te gusta el fútbol, no solo vas a grandes estadios a ver el fútbol, sino que también disfrutas de una pachanga, de ver a los amigos o de jugar en un partido en un campo de entrenamiento. Pero claro, la gente tiene que ir, es como que la sensación de que la gran mayoría tiene que ir a los sitios donde más grandes sean para ver la música, no es que para vivir la música tengan que ir al estadio. Y no te das cuenta de que en el bar de abajo de tu casa igual hay una cantautora que flipas, que alucinas y no reparas en ese tipo de espacio.
Después de tantos años construyendo una identidad propia, ¿Qué sueñas hoy que no soñabas cuando todo empezó en Madrid en el 2008?
Yo sigo soñando con discos nuevos y con escenarios nuevos y con experiencias nuevas. Sigo soñando con que la vida nos traiga este tipo de experiencias. De repente que te puedas ir a otro país o a mí me encanta que la vida nos lleve a tocar en sitios peculiares, por ejemplo, en un monasterio, en no sé dónde, en el castillo de lo que sea, busco que cada vez encontremos lugares, no solo venues, sino sitios donde quieran llevarnos, de un ciclo, de esas tierras raras, las catacumbas de no sé dónde. Porque yo sueño con tierras escondidas… mira, una vez tocamos en una plaza que nos dijeron que era el punto más silencioso de toda la ciudad. Es en una ciudad de España, en Coruña, en Galicia, porque está pegado a un monasterio, y me pareció súper poético estar tocando música, haciendo canciones en el punto más silencioso de toda la ciudad. Yo con eso sueño, con esas cosas, con conciertos, yo qué sé, en el Teatro Romano de Mérida, por ejemplo, que es con unas ruinas de un anfiteatro romano, que es increíble. Se hacen conciertos ahí, pues yo sueño con llevar a Mäbu a ese tipo de lugares que no son habituales y que ayudan mucho también a la escucha, que ayudan mucho a poner música; sueño con sitios bonitos y mágicos. Me parece que eso ayuda mucho también a la experiencia.
Próximos conciertos de Mäbu
18 SEPTIEMBRE
PAMPLONA · Sala Tótem Magna Live
19 SEPTIEMBRE
GETXO · Festival DalecandELA
15 OCTUBRE
LEÓN · El Gran Café
16 OCTUBRE
PALENCIA · Universonoro
30 OCTUBRE
VALLADOLID · El Desierto Rojo
31 OCTUBRE
OURENSE · Café Auriense
13 NOVIEMBRE
MURCIA · La Yesería
14 NOVIEMBRE
ALICANTE · Sala Euterpe
27 NOVIEMBRE
TENERIFE · El Búho La Laguna
12 DICIEMBRE
MADRID · Café Berlín
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