Muchos son los grupos que han empezado a despegar después de tener como plataforma de difusión -dejo a un lado las redes sociales- el pub ubicado en Brixton llamado The Windmill. Por ahí se foguean black midi, Dry Cleaning, Black Country, New Road o Squid, vamos lo que formaría esa nueva hornada de grupos que los ingleses tienen somo lo más de lo más, aunque en algún caso el chovinismo ha hecho despertar sospechas bastante fundadas. Grupos de instrumentistas bastante diestros, barajando influencias con tino, la mayor de las veces, aunque en general tiene uno la sensación de que no es para tanto, y el esmero técnico es equiparable a su frialdad formal.
A este “escena de Windmill” que parece que así la llaman, hay que apuntar el nombre de este septeto de curioso nombre Man/Woman/Chainsaw (hace tiempo que les seguimos la pista), que después de temas sueltos inician su andadura discográfica con este buen disco que, en el título, parece hacer un guiño a ese hit inmortal de las The Breeders, Cannonball (Fiction, 2026).
Bajo la producción de Margo Broom y Seth Evans estas canciones suenan poderosas, y son unas partituras que, aunque la pulcritud general en la producción las eleve a una dimensión maximalista, suenan versátiles, con algo de rabia contenida, que se sienten vivas, no meras piezas museísticas de conservatorio.
“Canyons” muestra ese rostro entre tranquilo y visceral, con el violín como elemento que vertebra la pieza, en un claro ejemplo de canción llena de contrastes tonales. El sencillo de adelanto “Only Girl” tuvo la ayuda de Geordie Greep, y de nuevo apuestan por la efusividad en las formas, con estribillo pegajoso y fugas grunge. Más rasposos se dejan entrever en “Goddamn, Lizard Man!”, o lo que vendría a ser un cruce entre Mark Lanegan y Nick Cave.
La balada “Lighter”, una de las gemas del disco, es una hermosa canción en donde se luce la voz de Vera Leppänen, emotiva y contenida, que se va deslizando sobre arreglos suntuosos de violín. “Get Up And Dance” arranca con un silbido de fondo, como si fuera un western panorámico, para después virar hacia el rock fibroso de la misma estirpe que la de sus compañeros Black Country, New Road. “Snakebite” destila imprevisibilidad y una instrumentación detallista que ayuda a ensalzar la melodía, mientras que el tema que cierra el álbum, “Something Else To Give”, su aventurado entramado sonoro transita por un pop cálido con un robusto andamiaje de guitarra-bajo-batería. Habrá que seguirles la pista.




















