Moseley Shoals (Island Records, 1996), segundo álbum de Ocean Colour Scene, tuvo la cualidad de irrumpir con éxito en plena vorágine del movimiento Britpop, sin sonar fresco ni desde luego innovador. Un puñado de melodías de corte clásico a más no poder, a las que pocos peros se podía poner en su acertada mirada a totems del calibre de The Who, The Beatles o Small Faces. La gira por nuestra geografía de celebración de su trigésimo aniversario está deparando un merecido baño de masas para la banda formada en Birmingham.
La parada en Málaga coincidió con el 66 cumpleaños de Alan Mcgee, gurú de la industria musical británica y capo del sello Creation Records, quien se encontraba anoche acompañando a la banda, sellándose con un lleno hasta la bandera en un Teatro Cervantes que arrojó algo parecido a un empate técnico entre fans locales y británicos, tras el escrutinio lanzado por el vocalista Simon Fowler, con mención incluida al reciente partido de fútbol entre España e Inglaterra. El ambiente festivo de la bancada contrastó con el solemne tono habitual que caracteriza a los conciertos allí programados. A ello debemos sumar un sonido excelente, con las guitarras del excelso maestro de las seis cuerdas Steve Cradock en primer plano, y con una actitud que denotó sintonía entre los miembros de un grupo capaz de sobrevivir juntos treinta y siete años, como bien recordó su vocalista Simon Fowler, aunque hay que matizar que el bajista original, Damon Minchella, abandonó la formación en 2003, siendo sustituido desde 2016 por Raymond Meade.
Pronto quedó claro que el guion de la velada apostaría por retrotraernos a mediados de los noventa sin caer en una forzada nostalgia, mecidos por el poder unas composiciones sólidas como un roble que mantienen su esencia vigente como parte de un legado estilístico que nunca pasará de moda. En este contexto, el setlist no deparó sorpresas respecto al que vienen ejecutando en el tour español, arrancando bien arriba con “The Circle” y dibujando un equilibrado trazado por su discografía, con especial hincapié en el mencionado Moseley Shoals, y en el trabajo que le sucedió, el también aclamado Marchin’ Already (Island Records, 1997). Entre las cartas ganadoras de las directas “Travellers Tune”, “Hundred Mile High City”, “The Day We Caught The Train” o la ineludible “The Riverboat Song”, se colaron las caricias de las delicadas “Lining Your Pockets”, “July”, “Better Day” o “Robin Hood”, con Fowler solo a la acústica, la hipnótica cadencia de la catártica “Get Blown Away” o esa llamada a la paz dedicada a los “lunáticos líderes mundiales” por el propio Fowler, a cuya marcha se sumó la audiencia en un alegato buenista que se antoja ahora más necesario que nunca.
Sin apenas altibajos, presenciamos un ejercicio elegante de revisionismo sin estridencias, sobrio y efectivo, saludablemente reivindicable todavía hoy, y caracterizado por la innegable profesionalidad del cuarteto, capaz de transmitir ímpetu y credibilidad a través de un cancionero exquisito que elude los riesgos abrazando, en cambio, pulcritud técnica e innegable presencia escénica. Y es que resulta reconfortante asistir a una puesta al día de referentes que marcaron el camino del pop-rock británico de los sesenta y setenta, manteniendo intacta su capacidad para añadir a la fórmula gotas de reconocible personalidad y un savoir faire que ya quisieran para sí tantos ilustres compañeros de generación. Sin bises pero con la tranquilidad que otorga el trabajo bien hecho, los cuatro amigos se despidieron tras un emotivo reencuentro con aquellos que crecimos tarareando sus canciones y reconociendo en ellas múltiples rasgos y trazos que definieron en su día muchas de nuestras filias musicales.
Foto Ocean Colour Scene: José Megía
















