Con un escenario como la Plaza de España de Sevilla y siendo el único concierto de la banda liderada por el británico Jay Kay tras seis años de ausencia, era de esperar que la expectación fuera máxima y el ambiente festivo estuviera latente en una noche de verano sevillana agradable que acompañaba el ambiente festivo y el buen rollo que se respiraba. Lugar perfecto para rememorar esos ambientes de baile, funk, soul y acid jazz con los que Jamiroquai nos ha deleitado durante su carrera situándose como un referente internacional de la musica funk y disco con discos tan emblemáticos como Emergency on Planet Earth (1993), Travelling without moving (1996), Synkronized (1999) o A funk odyssey (2011), que nos regalaron éxitos que han marcado nuestra juventud como “Too young to die”, “Virtual Insanity”, “Cosmic Girl” o “Canned Heat”.
Jay sabía lo que quería el público y no le defraudó tirando de un repertorio plagado de hits. Acompañado de una maravillosa orquestación al modo de las antiguas bandas de soul, mantuvieron un groove sostenido a base de bajo retumbante, riffs pegadizos de funk, teclados, doble sección rítmica y tres coristas.

Tras una intro instrumental a cargo de la banda que se encargaba de las transiciones, hizo una aparición magistral arrancando con “(Don’t) Give Hate a Chance” de su disco Dynamite (2005), todo ello ataviado con la extravagancia característica del frontman que es Jay, con pantalones blancos, zapas adidas brilli brilli, una maravillosa chaqueta de flecos verde a lo “space cowboy” y un sombrero fedora púrpura.
Tras el subidón inicial, siguió con otros de sus habituales, “Litte L” de aires sensuales y setenteros perfecto para caldear el ambiente y que defendió a pesar de las desavenencias técnicas que se quedaron en una simple anécdota, pausando y retomando con fluidez el flow rítmico de este clásico. Incentivó la cercanía con el público recordando a los afectados del incendio de Almería, recordando su paso por estas tierras para una sesión fotográfica de un disco y la grabación de cuatro videoclips, de hecho citó expresamente Los Gallardos, y mostró su solidaridad mostrando su lado más humano.
«Seven Days in Sunny June» hizo de medio tiempo a través de esa instrumentación acústica que aportó el ambiente veraniego. Fue entonces con “Space Cowboy” donde salió con una chaqueta deportiva de strass Adidas y un sombrero beige, donde creó uno de los momentos álgidos de la noche a base de funk psicodélico, abundantes percusiones centelleantes, guitarra wah-wah a lo black power y coros “yeah-yeah”, mostrando que está en plenitud de facultades vocales y físicas, y moviéndose por el escenario con soltura, regalándonos los pasos que le hicieron famoso.

Todo ello, con el opulento telón de fondo visual de palmeras y pirámides, montañas y cielos estrellados, paisajes urbanos de neón y referencias retrofuturistas que recordaban a Earth, Wind & Fire, Kool& the Gang y otros grupos de funk soul vanguardistas que marcaron el camino, para crear una exhibición audiovisual cósmica-galáctica perfecta para acompañar la coctelera hipnótica de ritmos bailables, groove, funk y soul en el que nos sumergió en un trance silérgico de casi dos horas, metiéndose en el bolsillo a un público animado y deseoso de hedonismo musical.
La magnífica maestría musical de su banda, a la que Jay daba libertad para improvisar cada vez que se retiraba del escenario, quedó reflejada en las transiciones que dominaban a la perfección enlanzando canciones y realizando adaptaciones con total fluidez de los hist clásicos.
Así preparó el terreno para presentarnos uno de los nuevos cortes de su proximo disco, “Shadow in the night”, elegante pero menos receptiva que la pegadiza “Disco stays the same” que cantó posteriormente y con la que logró conectar con un estribillo pegadizo y una explosión de colores, demostrando que el chico cósmico aún tiene carrete y no se ancla en el pasado nostálgico.

Fue precisamente en esta segunda parte, con el sonido mucho más asentado cuando el viaje empezó a elevarse, justo cuando el jefe se vistió de galáctico y estalló el momento álgido y de mayor éxtasis del concierto. Como si Jamiroquai hubiera sido poseído por el espíritu groove, al coronarse con su tradicional penacho de jefe indio de leds para acompañar la ágil y de sonido funky “Travelling Without Moving”. Para entonces la banda ya estaba en plena explosión rítmica con el trance de “Canned heat” con la que la plaza alcanzo su esplendor y se transformó en una inmensa pista de baile.
Y así llegaba la recta final del concierto, con una mítica “Cosmic Girl” y esa maravillosa línea de bajo; el funk etéreo y sensual de «Love Foolosophy» y el broche final y despliegue sonoro de “Virtual Insanity” con la que nos transportó hasta las nubes más lejanas convirtiendo el incomparable marco de la Plaza de España en la catedral del acid jazz y a Jamiroquai en su sumo sacerdote, haciendo bailar a todos sus fieles que nos unimos al vuelo cósmico extasiados.
Fotos Jamiroquai: Óscar Romero y Nicola Guasti




















