Marilyn Manson es un artista que vive rodeado de polémicas. Hay rumores acerca de su culto religioso, su estética, su físico y sus decisiones de vida, incluso con denuncias a su nombre de índole sexual y violencia de género. Es uno de esos casos del infinito debate acerca de separar o no a la persona del artista, ya que es un icono del metal industrial con un magnetismo escénico incuestionable. Lleva desde los años noventa sacando temazos y de momento no piensa parar, ya que el 1 de agosto sacará el siguiente álbum One Assassination Under God – Chapter 2.
El ritual comenzaba con una suerte de canto gregoriano que rápidamente se convirtieron en el espectáculo sonoro y de luces que esperábamos con «Nod if you understand», de su último disco One Assassination Under God – Chapter 1 (2024). Una auténtica pirotecnia visual y sonora que nos metía de lleno en el universo Manson de cruces invertidas, cuero y labios negros.

Consciente de que uno de sus discos más escuchado es Antichrist Superstar, nos avisó de que “había traído algo desde 1996” y no faltaron “Angel With the Scabbed Wings”, “Tourniquet”, y por supuesto no terminó el concierto sin “The Beautiful People”. Las tres provocaron una absoluta locura colectiva, no había cervicales que aguantasen tanto ‘headbanging’ o movimiento de cabeza.
Tampoco faltaron los pilares de The Golden Age of Grotesque (2003). En “This is the New Shit” y “mOBSCENE” el respetable se hacía uno para gritar a pleno pulmón. Marilyn Manson dejó claro que los años no han hecho mella en sus cuerdas vocales, exhibiendo agudos, guturales, gritos y demás efectos vocales ante una Sevilla encandilada.

Dejó espacio a los miembros de la banda para lucirse en un interludio con bajos sísmicos, baterías duras y solazos de guitarra. Una banda salida del más profundo universo metal con una estética en la que no faltaba el lápiz de ojos, los polvos blanquecinos y la estética punk negra, con unas cabelleras para enmarcar. Aunque tras escuchar la calidad musical la estética parece lo de menos, en un directo siempre acompaña y en este caso nos sumió en una experiencia inmersiva sensorial.
Llegó el turno para “The Dope Show”, que vino precedida de una concienciación sobre las drogas. Recordemos que las adicciones llevaron al estadounidense al abismo y lleva tan sólo unos años limpio. «Yo soy vuestra droga» sentenciaba como intercambio a los químicos. En el mejor glam metal posible nos hizo viajar por su universo. Tras ello “Sweet Dreams”, su versión tan conocida del mítico tema de Eurythmics. No faltaba un móvil grabando los primeros segundos, pero luego se entendió que disfrutarlo era más importante. Cerró la noche con otra gran versión, “Personal Jesus” de Depeche Mode.
En un formato concentrado de apenas una hora y media, Manson consiguió adentrarnos de pleno en su mundo de oscuridad y rareza. Lo consiguió incluyendo varios cambios de vestuario en los que no faltaron plumas y sombreros, montándose incluso en unos zancos que le transformaron en una en una criatura de arácnida. Más allá de un concierto, aquello fue un aquelarre de fantasía psiquiátrica. Una noche en la que ganó la gente rara y sus rarezas fueron celebradas. Que vivan los raros y que viva el metal.

La jornada comenzaba con el teloneo de Vowws, que activaron la atmósfera de melancolía progresiva. Se describen como death-pop melancólico, aunque encajan poco en el término pop,más bien lo encuadraría en un post-punk melódico o progresivo, con una instrumental envolvente. Un estilo seguramente influenciado por The Cure, un poco de The Clash, Evanescence y unas pinceladas del propio Manson. Fieles al estatismo escénico del género, se movieron lo justo; su magnetismo no requería más artificios que esas densas progresiones y acordes que hacían vibrar el pecho. A quienes disfrutamos de lo progresivo, se nos sentía flotar. Un descubrimiento australiano que seguiremos explorando.
Fotos: Mauri Buhuigas (Icónica Santalucía Sevilla Fest) y Salma Estévez


















