Sobrevivir a la ola revival de la psicodelia de los 2000 no es tarea fácil, más allá de las bandas que han logrado mantenerse con dignidad como Tame Impala, The Brian Jonestown Massacre o King Gizzard & the Lizard Wizard. Pero también para Pond, sobre todo tras once álbumes de estudio y el paso por la banda de Kevin Parker, que también ha producido cinco de sus discos entre los que destaca The Weather (2017) cuya canción «Paint Me Silver» les hizo popular, Tasmania (2019) o 9 (2021).
Pond han evolucionado virando y probado suerte con un sonido post-punk y new wave más personal inspirado en los 80 o el glam rock de bandas como T-Rex, prescindiendo de los pedales, el fuzz y la distorsión de la psicodelia de trabajos anteriores. Ya la enérgica “Skyworks”, un tema de pop-rock perfecto nos engancha y despierta nuestro interés, al igual que el segundo corte “Casuarina”, uno de los más potentes del disco que hace referencia al árbol australiano. Pieza que arranca con potentes riffs de guitarra y una lírica brillante que muestra el desencanto a través de la crítica social y política, exponiendo problemáticas actuales como los riders, la inmigración o la minería («How’s he gonna get him off Nauru / With the money from Deliveroo?») («A ticketed nurse in Pakistan / But my degree don’t work in this wide brown land»).
Su origen australiano queda patente en la temática de su lírica, centrada en la preocupación por el medio ambiente, el peso de la tecnología y el colapso ambiental frente al progreso. Letras profundas que se agradecen en bandas de este estilo pero que, a los que damos importancia y analizamos la lírica, se nos ha hecho ardua tarea investigar todas las referencias a episodios de catástrofes, protesta social o términos de la fauna autóctona de australiana.
Probablemente la única canción más íntima y emocional sea “Through the heather” con la que cambian de registro a una balada pop de sonido etéreo y melancólico centrando su temática en las relaciones y la dependencia emocional («You give / I take / Hearts break”). Engancha con su bonito estribillo a través de letras cotidianas que muestran el amor líquido y el aislamiento social donde la única compañía es la pantalla del móvil y la evasión con el consumo de sustancias. Una canción que refleja la soledad contemporánea y los problemas de salud mental, pero con cierta fe y esperanza en el futuro («Next year I’ll be better, man»).
“Two hands” suena más new wave a lo Talking Heads, para hacer una crítica política a las grandes empresas («The CEO just wanna be alone.») y la necesidad de unirnos frente a los abusos (“Our two hands can make a fist”) para finalizar con un solo de guitarra y una batería potente que reflejan el caos y la indignación. Con “Roebuck plains” rompen la línea del disco hacia un indie-pop más vibrante, ofreciendo una de las mejores interpretaciones vocales y melódicas, que rematan con una firme y rítmica batería.
Le sigue “The Fatal Shore”, producida por Kevin Parker. Un tema bailable que comienza con sintetizadores más oscuros muy a lo New Order, y que se apoya en el beat de la batería que marca el ritmo para enlazar con el estribillo melódico. Su temática está muy enlazada con su álbum Tasmania (2019) donde los incendios aparecen repetidamente como símbolo de crisis («Right before the sky turned red») y que aquí contrastan con ese mundo ideal y artificial de Disney («In the Disney morning where the carnage breaks» ).
En “Tourmaline” giran a un rock más progresivo y un pop más sintético, y en “Terrestrials” nos adentran en un sonido vertiginoso en el que su cantante, Nick Albrook, grita con tono reivindicativo “We are terrestrials”, en un alegato por defender el origen natural de la existencia humana, a golpe de batería sobre una nube de noise-rock. Por su parte, en “Personal hell” dan rienda suelta a la experimentación con arranques de riff rítmicos y frenéticos muy post punk al estilo “british” de bandas como The Clash, para hablarnos de la devastación causada por los incendios forestales australianos de 2019 y las consecuencias psicológicas y mentales que tuvieron en las personas.
“Nashville (I´m dying)” cierra con referencias cinematográficas emulando el sonido más Britpop de bandas como Blur y Pulp, con una lírica más cercana y humana que nos sitúa en la época COVID enfatizando el valor de las relaciones sociales y el anhelo de volver a una vida normal (“No dancing/ No pubs/No one I love”). Frente a la vida glamourosa de Hollywood y del cine de Los Ángeles.
Con Terrestrials, Pond ha logrado un disco más humano, comprometido e introspectivo donde aterrizan de la fantasía de la psicodelia para refugiarse en un sonido más terrenal.



















