At The Close Every Day – The Silja Simphony (Astro Discos)

Pop-rock evocador, soñador, esperanzado, más decaído y melancólico en otros momentos, que tiende al post-rock en los desarrollos y las cadencias. Axel Kabboord y Minco Eggersman, núcleo de At The Close Of Every Day, nos ofrecen, en esta su segunda puesta de largo, 13 temas, dos de ellos instrumentales. La batería y las guitarras dotan a las canciones de un gran impulso, estimulando la navegación mar adentro, en un buque de la compañía Estline, sí, un ferry representado bajo distintos perfiles en la serie de ilustraciones de la funda (digipack) y el libreto. Con intención de rememorar aquel trágico naufragio del MS Estonia, en septiembre de 1994 (supongo que no es casualidad que la segunda pista lleve por título “September Grass”), nos adentramos en las gélidas y agitadas aguas del Mar Báltico.

Se inicia la música con una obertura instrumental que augura el carácter turbador y el intimismo algo épico del disco, “The Departure”, con melodía y contrapuntos a la guitarra eléctrica y sección de viento (trompeta, trombón, trompas) sobre incansables juegos rítmicos de batería. Se dibuja un gran horizonte neblinoso y nocturno. Le siguen canciones con textos de alto contenido conmovedor, letras en inglés cantadas por una voz masculina grave, como dejada, pero dotada de mucha resonancia y profundidad, vibrante y de peso, que se desdobla, incidentalmente, en registros distanciados, uno especialmente grave, el otro medio, en perfecta compactación (a veces son incluso tres las voces que se superponen). El segundo instrumental, “The Estonia Situation”, penúltimo corte, incluye una narración sampleada sobre un amplio espacio sinfónico de sentimientos apesadumbrados. A todo lo largo del disco alternan emociones y pensamientos de ritmo moderado. El tejido instrumental es siempre activo y denso, con unos arreglos especialmente trabajados, así como unas estructuras formales concienzudamente confeccionadas.

Esta grabación realizada entre los años 2002-2003, convertida en una hora de crucero y de sentimientos encontrados, más amargos o más joviales, sirve de viaje para la reflexión y la recapitulación existencial. Tras la escucha acaba floreciendo una sensación agridulce de conjunto, muy cautivadora.

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