La figura artística de Beth Orton nos ha acompañado desde hace más de treinta años, y eso en el negociado de la música es todo un hito. Siendo fiel a su estilo que ha ido refinando a lo largo de los años, este notable The Ground Above (Partisan Records, 2026) es el noveno álbum de la inglesa; una artista que se toma su tiempo para componer hasta dar con la narrativa correcta para moldear sus canciones.
En este caso la fuerza que da cohesión al álbum gira en torno al concepto de pérdida (física y simbólica), del amor como elemento redentor, y de cómo el dolor y la pena pueden ser variables útiles a los que aferrarse como motor creativo. Y, después de darle vueltas a este disco que venía precedido por uno de sus mejores trabajos, Weather Alive, resulta evidente que la madurez le sienta de maravilla.
De nuevo rodeada de excelente músicos que esculpen un mapa sonoro en donde cohabitan el pop ondulante e ingrávido con el jazz, el disco arranca con la extensa “The Ground Above”, en donde la voz de Orton -resuenan los ecos a la sabiduría de Marianne Faithfull– conduce una melodía envuelta en neblinas, con los instrumentos asistiendo desde un segundo plano, y versos tan bellos como “I’m invincible as grief / Dancing cross a lake of loss beneath / My capacity for joy / Is ready and is able and is loyal”. Convivir con el dolor es, al final, una forma de resistencia y esperanza.
Puestas las cartas encima de la mesa con este inicio tan solemne, sigue la dinámica en “Before I Knew (“And don’t you deal as if photographs / Don’t have a right up on the wall / But you might take a peak on the sly / Sweetest chord I ever heard / Sweet enough to please the Lord / Just might be a mote in my eye”), y esa levedad que remite a Talk Talk, y con el trabajo soberbio de Christos Stylianides al saxo dialogando con el violín de Sam Amidon; el soft pop muestra su cara más amarga en “Cigarrette Curls, otra narración de amor y perdida en donde lo imaginado y lo real se entremezclan diluyéndose.
Las cadencias más pausadas basculan hacia un sonido Westcoast en “Waiting” con una musicalidad que evoca al pop de Dan Bejar en Kaputt; las percusiones y el gran desarrollo rítmico de Tom Skinner a la batería otorgan grandeza a “I’ll Miss You”, y versos tan hermosos como “Your gaze is timeless as the sea / And I get lost in there occasionally / You took my heart to be your own / And you made my world a sweeter home” desarman a través de esta epopeya romántica de tonalidades jazzy. Otro gran disco de una Beth Orton en su apogeo como compositora.




















