Beth Orton – Weather Alive (Partisan Records)

El último disco de la londinense Beth Orton es, digámoslo ya, su mejor disco hasta la fecha, y nace de la necesidad que tenía de entablar comunicación con el mundo que le rodea a través de los recuerdos, de la soledad, del paso inexorable del tiempo, de la muerte física y mental. Son canciones que nacieron al abrigo de la soledad de su casa, en donde ella tocaba un antiguo piano que encontró en una tienda de antigüedades en Candem, y es el sonido de esas teclas las que hacen que suelten amarras estas fascinantes melodías de un embriagador estatismo.

Orton, la que fuera la pizpireta y risueña princesa de la indietrónica, muestra su cara más introspectiva acompañada por unos músicos excelentes – el batería Tom Skinner, múltiples instrumentos de la mano de Shahzad Ismaily, el bajista Tom Herbert, y el saxo de Alabaster DePlume– para dar con la receta perfecta de este pop-folk de calado ingrávido que noquea a la primera escucha.

La atmosfera de “Weather Alive” está surcada por silencios a la manera de los Talk Talk, y nuestra mujer deambula por la cuerda floja declamando versos en los que crea una conexión estrecha entre ella y la naturaleza; es como fuera imposible nombrar o categorizar tanta belleza, pero su voz ilumina el camino entre la neblina. 

Resonancias a Neil Young se evocan en “Friday Night”, mientras se congregan la noche, Proust, y el frío reclamo de una ausencia irreparable. Y llega el viernes por la noche, y el peso del vacío es muy grande. Un abismo.

El ritmo acompasado de la batería y el piano en “Fractals” es glorioso. Unas texturas de jazz progresivo que van progresando con brío hasta que el saxo de DePlume hace aparición y todo se vuelve oceanico, abisal.

El pulso gospel sostenido de “Haunted Satellite” me recuerda a Primal Scream aunque sin las dosis tóxicas, y en su hermoso devenir, Orton canta bien alto que la experiencia vital hace que la percepción de las cosas se vea alterada, y es preciso continuar escribiendo páginas de un diario imaginario. 

Una de las canciones más inspiradas del lote es “Forever Young” con ese ambiente entre tinieblas, en la estela de unos Portishead o las bandas sonoras imaginarias. Le sigue “Lonely” otra gema inspiradísima con un tratamiento del sonido que me ha hecho evocar a Aldous Harding aunque con un entramado más hipnótico.

De nuevo la nostalgia se invoca en “Arms Around A Memory”, una historia amorosa que se desmorona y que es vista desde su punto de vista, aunque apuntalada por el recuerdo sensorial del paso del tiempo (meteorológico y simbólico). Cierra el disco el pálpito agónico de “Unwritten” en la que la autora hace un repaso a todas las cartas que dejó sin escribir, todas aquellas palabras que no fueron dichas y que jamás ya reescribirán nuestra piel cuando ésta mude. Regreso triunfal.

Escucha Beth Orton – Weather Alive

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