Dover se separaban 24 años después de su formación. Surgidos en 1992 claramente influenciados por el sonido de Seattle, alcanzaron el éxito mayoritario con Devil came to me (Subterfuge, 1997) que llegó dos años después de Sister (1995) y les convirtió en una sensación dentro y fuera de nuestras fronteras.
Devil came to me marcó un antes y un después en la industria musical de este país. Con más de 800.000 copias vendidas, supuso la confirmación de las posibilidades de que las compañías independientes pudieran llegar a los niveles de las majors, y que musicalmente, representen la banda sonora de más de una generación, que aún lo tienen presente en su imaginario.
Tras consolidarse con Late at Night (1999), I Was Dead for 7 Weeks in the City of Angels (2001) y The Flame (2003), decidieron romper con su propia fórmula y abrazaron la electrónica en Follow the City Lights (2006), antes de profundizar en las influencias africanas del incomprendido I Ka Kené (2010). Su último álbum, Complications (2015), recuperó parte de la contundencia guitarrera, pero un año después se separaron.
Desde entonces su vocalista Cristina Llanos ha permanecido apartada de la vida pública mientras su hermana Amparo ha emprendido nuevos proyectos como New Day. Ahora Cristina reaparece con unas memorias crudas tituladas La noche cayó y ya nadie pudo salvarme (La Esfera de los Libros), 500 páginas de un relato que su editorial define como: Soledad, violencia, trastornos con la comida, cultura de la violación, drogas y salud mental son parte de un relato único, honesto y desgarrado que no deja apartar la mirada.
El libro está aquí disponible.
















